Esa es la pregunta que comienza a circular en los mercados tras la escalada del conflicto entre el presidente Donald Trump y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Lo que hasta hace poco era un debate técnico sobre tasas de interés se ha transformado en una discusión mucho más sensible: la credibilidad institucional del banco central estadounidense.
Durante los primeros compases del año, Bitcoin se comportó como suele hacerlo en entornos de incertidumbre macroeconómica, moviéndose al ritmo de las expectativas de tasas, el dólar y el apetito por riesgo. Sin embargo, el foco cambió abruptamente cuando Powell reveló que el Departamento de Justicia había emitido citaciones de un gran jurado vinculadas a su testimonio ante el Congreso por una remodelación de edificios de la Fed valorada en unos 2.500 millones de dólares. Aunque la Casa Blanca negó irregularidades y Trump rechazó cualquier implicación directa, los mercados reaccionaron sin esperar un desenlace judicial.
La independencia de la Fed entra en precio
La respuesta inicial fue clásica en episodios de tensión institucional: el oro marcó nuevos máximos históricos, el dólar se debilitó y los futuros bursátiles estadounidenses retrocedieron. Bitcoin se sumó brevemente a ese movimiento como activo de cobertura, antes de corregir, dejando una señal relevante: los inversores comienzan a incluirlo dentro de un paquete de activos sensibles a la credibilidad de la política monetaria, no solo como una apuesta tecnológica o especulativa.
Powell fue explícito al afirmar que las presiones legales eran consecuencia de que la Fed fija las tasas “en función de la evidencia y no de las preferencias del presidente”. Ese mensaje resonó en los mercados porque la independencia de los bancos centrales no es un concepto abstracto: es el ancla que sostiene las expectativas de inflación a largo plazo y la confianza en el valor del dinero.
Cuando esa ancla se percibe amenazada, los inversores suelen exigir una prima adicional para mantener activos denominados en dólares, lo que se refleja en divisas, bonos de largo plazo y en la demanda por reservas de valor alternativas.
Bitcoin entre liquidez y credibilidad
En este contexto, Bitcoin queda atrapado entre dos fuerzas que pueden empujarlo en direcciones opuestas.
Por un lado está el canal de liquidez. Si el mercado interpreta que la presión política aumenta la probabilidad de recortes de tasas más rápidos o agresivos, el resultado típico es un dólar más débil y condiciones financieras más laxas. Históricamente, Bitcoin ha respondido de forma positiva a ese entorno, al comportarse como un activo sensible a la liquidez marginal y al descuento de tasas.
Por otro lado está el canal de credibilidad, mucho más complejo. Si las amenazas legales se leen como un intento real de subordinar a la Fed al poder político, el mercado puede enfrentar un shock de credibilidad. En ese escenario, las expectativas de inflación podrían desanclarse, elevando la prima por plazo incluso si las tasas bajan. Bitcoin, en estos episodios, suele reaccionar en dos fases: una primera de desapalancamiento y aversión al riesgo, y una segunda en la que empieza a comportarse como una suerte de “oro alternativo”, atrayendo demanda por su carácter externo al sistema monetario tradicional.
El comportamiento reciente encaja parcialmente en ese patrón. Mientras el oro subía y el dólar caía, Bitcoin cotizaba en torno a los 90.500 dólares, tras haber tocado brevemente los 92.000, según datos de mercado. El movimiento fue más moderado que el del metal precioso, pero la correlación fue suficiente para llamar la atención de los operadores macro.
El calendario como catalizador
Más allá de las declaraciones, el factor clave para los traders es que esta historia tiene fechas concretas. La primera es la reunión del FOMC del 27 y 28 de enero, donde incluso sin cambios en tasas, el tono y la comunicación de Powell podrían reconfigurar expectativas. En política monetaria, la percepción institucional pesa tanto como la decisión técnica.
La segunda fecha relevante es mayo de 2026, cuando finaliza el mandato de Powell como presidente de la Fed. Ese horizonte introduce el llamado riesgo de sucesión: los mercados pueden empezar a descontar qué implicaría un liderazgo más alineado políticamente, incluso sin un nombre definido sobre la mesa.
Este componente temporal explica por qué el conflicto Trump–Powell tiene impacto aunque no haya cambios inmediatos en la política monetaria. Los mercados tienden a anticiparse, ajustando precios en función de probabilidades futuras.
ETFs de Bitcoin: amplificadores del movimiento
En este entorno, los ETFs spot de Bitcoin juegan un papel crítico. Se han convertido en el principal canal de transmisión del sentimiento institucional hacia el precio, pero también en un factor de amplificación de la volatilidad. Flujos de entrada pueden acelerar rupturas alcistas, mientras que salidas abruptas pueden forzar ventas en momentos de estrés.
La primera semana de 2026 ya mostró esa dinámica, con reversiones rápidas de flujos tras un inicio positivo del año. Esto sugiere que, ante un escenario político volátil, los ETFs pueden intensificar tanto las subidas como las correcciones, independientemente de que la narrativa macro de fondo sea favorable para Bitcoin.
Un nuevo eje macro para Bitcoin
El debate central ya no es si Trump y Powell continuarán enfrentándose, sino si los inversores interpretan este choque como teatro político o como un cambio estructural en la gobernanza monetaria de Estados Unidos. Si es lo primero, Bitcoin seguirá operando principalmente como un activo dependiente de tasas y liquidez. Si es lo segundo, entrará en un régimen más inusual, combinando su perfil de activo de riesgo con el de cobertura frente a la pérdida de credibilidad institucional.
En cualquiera de los dos casos, el mensaje es claro: Bitcoin empieza a reaccionar no solo a las decisiones de la Reserva Federal, sino a la percepción de si la Fed todavía puede tomarlas con independencia. Ese matiz redefine el papel de la principal criptomoneda en el actual tablero macroeconómico.


