Bitcoin comienza el nuevo trimestre con un escenario que pone a prueba el equilibrio entre oferta, demanda y rentabilidad, pero con una diferencia sustancial respecto a ciclos anteriores: el foco ya no está en el calendario de emisión, sino en la salud financiera de los mineros, el comportamiento de los inversores recientes y el impacto real de los flujos institucionales vía ETF.
Uno de los niveles que concentra la atención del mercado es el costo base de los holders de corto plazo. Según datos on-chain recientes, el precio promedio de adquisición de estos inversores se ubica cerca de los 98.300 dólares. Históricamente, esta zona funciona como un punto psicológico clave: cuando el precio se mantiene por encima, los compradores recientes tienden a sostener o incluso aumentar posiciones; cuando cae por debajo, aumenta la probabilidad de distribución en rebotes o ventas defensivas.
Este nivel no actúa de forma aislada. Su relevancia se amplifica en un contexto donde otros actores fundamentales del ecosistema, como los mineros, enfrentan un entorno de rentabilidad cada vez más ajustado. Las proyecciones actuales del mercado de hashpower muestran que la presión sobre los márgenes podría intensificarse en los próximos meses.
Las estimaciones de hashprice a seis meses indican ingresos diarios cercanos a los 33 dólares por petahash por segundo, una cifra que se sitúa por debajo de lo que muchos operadores consideran el umbral de equilibrio. Si bien el punto exacto de rentabilidad varía según el costo energético, la eficiencia del hardware y la ubicación geográfica, el consenso es claro: el margen de error se está reduciendo.
Este tipo de entorno suele activar dinámicas conocidas. Cuando la rentabilidad cae, algunos mineros optan por apagar equipos menos eficientes, lo que puede traducirse en ajustes de dificultad a mediano plazo. Sin embargo, ese proceso no siempre es inmediato ni ordenado. En el corto plazo, la presión financiera puede llevar a ventas adicionales de Bitcoin por parte de mineros para cubrir costos operativos, introduciendo más oferta en el mercado spot.
A esta ecuación se suma una variable que no existía con la misma fuerza en ciclos anteriores: el rol de los ETF de Bitcoin al contado. Durante los primeros compases de 2026, estos vehículos mostraron un comportamiento claramente contractivo. En la primera semana completa de negociación del año, se registraron salidas netas por unos 681 millones de dólares, en un contexto marcado por expectativas de tasas más altas y un clima macroeconómico defensivo.
La semana siguiente profundizó esa tendencia. Las salidas netas alcanzaron aproximadamente 1.300 millones de dólares, el peor registro semanal desde mediados de 2025. Este movimiento reavivó el debate sobre el papel de los ETF: ¿actúan como un sumidero de oferta a largo plazo o como una válvula de escape que libera Bitcoin al mercado en momentos de estrés?
La respuesta no es binaria. En períodos de apetito por el riesgo, los ETF pueden absorber una porción significativa del suministro disponible, reduciendo la presión vendedora y reforzando tendencias alcistas. Pero en fases de aversión al riesgo, el efecto puede invertirse rápidamente, amplificando la volatilidad y afectando el equilibrio entre compradores y vendedores.
En este contexto, el trimestre que comienza se perfila como una prueba de resiliencia para todo el sistema. Por un lado, los holders de corto plazo decidirán si defienden su zona de costo o aprovechan rebotes para reducir exposición. Por otro, los mineros deberán gestionar un delicado balance entre sostener operaciones y preservar liquidez, especialmente si el precio no acompaña con un movimiento sostenido al alza.
La interacción entre estos grupos será clave para definir la narrativa de oferta. A diferencia de otros momentos del ciclo, no se espera un shock proveniente del lado de la emisión. En cambio, el mercado observará con lupa señales más sutiles: cambios en el comportamiento de gasto de los mineros, variaciones en la edad de las monedas que se mueven en la red y la dirección de los flujos institucionales.
Si los ETF logran estabilizarse y volver a captar entradas, podrían compensar parte de la presión vendedora proveniente de mineros y traders de corto plazo. En caso contrario, la combinación de rentabilidad ajustada y salidas de capital podría mantener al precio en un rango volátil, con rebotes técnicos pero sin una tendencia clara.
En definitiva, Bitcoin enfrenta un trimestre donde la narrativa se aleja de los titulares tradicionales y se adentra en los fundamentos operativos del ecosistema. El comportamiento humano —desde la toma de decisiones de los mineros hasta la psicología de los inversores recientes— será tan determinante como cualquier variable macroeconómica. El mercado, como tantas veces, tendrá la última palabra.


