Bitcoin podría estar aproximándose a un mínimo de ciclo impulsado por dinámicas propias del mercado cripto, en un contexto donde las salidas de los ETF al contado continúan y la economía de los mineros sigue bajo presión. Todo esto ocurre mientras los temores de una recesión global en 2026 siguen presentes en el discurso público, pero aún no se consolidan como escenario base en los mercados.
En las últimas semanas, el precio de Bitcoin retrocedió hasta la zona alta de los 60.000 dólares, acumulando una caída superior a los 20.000 dólares desde comienzos de año. Este movimiento se produjo en paralelo a nuevos máximos en los principales índices bursátiles, marcando una divergencia clara entre el comportamiento de los activos tradicionales y el mercado cripto.
Uno de los factores centrales detrás de esta corrección ha sido el comportamiento de los flujos en los fondos cotizados en bolsa (ETF) de Bitcoin al contado. Los datos muestran salidas persistentes desde finales de enero, con varios días de reembolsos significativos que superaron los cientos de millones de dólares. En lo que va del año, las salidas netas acumuladas ya superan ampliamente los mil millones de dólares, con algunos productos concentrando una parte relevante de esos flujos negativos.
Este patrón de salidas suele obligar al precio a buscar un nuevo nivel de equilibrio. En fases anteriores del mercado, los ETF funcionaron como un canal de absorción de oferta durante las caídas. Sin embargo, cuando el flujo se invierte, el mercado necesita ajustarse hasta encontrar un punto donde la presión vendedora se estabilice.
A este factor se suma la situación de los mineros. Los ingresos diarios del sector siguen dependiendo casi exclusivamente de la emisión de nuevos bitcoins, ya que las comisiones por transacción representan una fracción muy pequeña del total. En algunos momentos recientes, las tarifas aportaron menos del 1% de los ingresos diarios de la red, lo que refleja una actividad moderada en la cadena.
Este entorno deja a los mineros más expuestos a las variaciones del precio. Cuando Bitcoin cae y los márgenes se reducen, algunos operadores se ven obligados a vender parte de sus reservas para cubrir costos operativos, lo que puede amplificar la presión bajista en períodos de corrección.
En paralelo, el contexto macroeconómico global no muestra, por ahora, señales claras de colapso. Los principales organismos internacionales siguen proyectando crecimiento, aunque moderado, para 2026. Las probabilidades implícitas de una recesión en Estados Unidos, según distintos indicadores de mercado, se mantienen en niveles relativamente bajos, lo que refuerza la idea de que un evento macro extremo no es un requisito indispensable para que Bitcoin alcance un piso de ciclo.
No obstante, sí se observan focos de tensión en la economía real. En Estados Unidos, las quiebras corporativas aumentaron durante 2025 hasta niveles no vistos desde 2010, reflejando el impacto de tasas de interés elevadas y condiciones de financiamiento más estrictas. Al mismo tiempo, la deuda de los hogares continúa creciendo, con un incremento notable en los niveles de morosidad, especialmente en tarjetas de crédito y entre los segmentos más jóvenes de la población.
Estos elementos describen un escenario de desaceleración gradual más que de crisis abrupta. Para el mercado cripto, este tipo de entorno puede traducirse en una reducción progresiva del apetito por el riesgo, sin necesidad de un colapso sincronizado de todos los activos financieros.
Otro aspecto relevante es la transformación del sector minero. Cada vez más compañías combinan la minería de Bitcoin con negocios de energía, infraestructura o cómputo de alto rendimiento, lo que modifica su comportamiento financiero. En este contexto, las ventas de Bitcoin pueden responder a decisiones operativas y de liquidez, más que a una visión direccional sobre el precio del activo.
En conjunto, estos factores refuerzan la idea de que Bitcoin puede encontrar un piso impulsado por mecanismos internos: liquidaciones de posiciones apalancadas, presión vendedora de mineros y ajustes derivados de los flujos de ETF. Históricamente, los mínimos de ciclo suelen producirse cuando este tipo de ventas forzadas se agota y el mercado comienza a transferir oferta hacia una base de compradores con un horizonte más largo.
Mientras tanto, los mercados seguirán atentos a la evolución de tres variables clave: los flujos de los ETF de Bitcoin, la salud financiera de los mineros y el comportamiento de la liquidez global. Aunque los riesgos macroeconómicos no han desaparecido, el panorama actual sugiere que el mercado cripto podría resolver esta fase de corrección sin necesidad de un evento recesivo global.
Por ahora, Bitcoin continúa ajustándose en un entorno de menor entusiasmo y mayor selectividad, en el que la búsqueda de un nuevo equilibrio sigue abierta.


