Bitcoin rompe los $97.000 en un movimiento que va más allá de un simple rebote técnico. En las últimas 24 horas, la principal criptomoneda del mercado alcanzó un máximo cercano a los $97.860, su nivel más alto desde noviembre, en un contexto donde los flujos de capital, el comportamiento de los grandes inversores y la dinámica de oferta comienzan a alinearse de una forma poco habitual.
A diferencia de otros impulsos alcistas recientes, este avance no se explica por una explosión de apalancamiento especulativo ni por narrativas pasajeras. Los datos on-chain y de mercado sugieren que el precio está siendo empujado por demanda real en spot, mientras que el lado vendedor —especialmente el de los holders de largo plazo— parece haber entrado en pausa.
ETFs y oferta post-halving: una ecuación cada vez más asimétrica
Uno de los factores centrales detrás del movimiento es el regreso con fuerza de los ETFs spot de Bitcoin en Estados Unidos. En apenas dos jornadas, estos productos registraron entradas superiores a $1.500 millones, una cifra que adquiere otra dimensión cuando se la compara con la nueva emisión diaria de BTC.
Tras el último halving, Bitcoin incorpora al mercado alrededor de 450 BTC por día, un volumen relativamente pequeño frente a la magnitud de la demanda que pueden canalizar los ETFs cuando los flujos institucionales se activan. Aunque estas entradas no siempre se traducen en compras inmediatas uno a uno, sí funcionan como un conducto regulado y visible que puede absorber oferta con rapidez.
Este fenómeno explica por qué Bitcoin logró avanzar incluso en ausencia de grandes catalizadores narrativos dentro del ecosistema cripto: el motor principal estuvo en el spot, no en la especulación.
Ballenas al mando: señales claras desde el mercado spot
Los indicadores de CryptoQuant refuerzan esta lectura. El Spot Taker CVD a 90 días comenzó a volverse positivo cuando Bitcoin cotizaba cerca de los $86.000, mostrando que las órdenes de compra a mercado superaban de forma consistente a las ventas.
Más relevante aún fue el tamaño de esas órdenes. El Spot Average Order Size activó señales asociadas a “whale orders”, lo que sugiere que la presión compradora provino de actores grandes y no de un enjambre de traders minoristas persiguiendo el precio.
Este tipo de comportamiento suele ser más duradero: cuando el avance lo lideran grandes participantes, el mercado tiende a construir tramos más estables, con menos dependencia del apalancamiento extremo.
Cuando los holders dejan de vender, el precio respira
El otro lado de la ecuación es la oferta. En este tramo, los holders de largo plazo prácticamente dejaron de distribuir. Métricas como Value Days Destroyed (VDD) se mantienen en niveles históricamente bajos, lo que indica que las monedas antiguas siguen inmóviles.
En paralelo, los datos de Glassnode muestran que la toma de ganancias se desaceleró con fuerza. El promedio móvil de siete días del beneficio realizado por holders de largo plazo cayó a unos $184 millones diarios, muy lejos de los picos superiores a $1.000 millones diarios observados hacia finales de 2025.
Cuando la presión vendedora estructural se reduce, el mercado necesita menos demanda para subir. Basta con que los compradores sean persistentes para que el precio avance de forma más eficiente.
Derivados: acelerador, no motor
Los mercados de derivados jugaron su papel, pero como aceleradores, no como origen del movimiento. A medida que Bitcoin superó resistencias, se produjo una oleada de liquidaciones de posiciones cortas, lo que forzó compras automáticas y amplificó la subida.
Glassnode identificó este evento como el mayor episodio de liquidaciones cortas desde octubre pasado en el universo de las principales criptomonedas. Sin embargo, el dato clave es que estas liquidaciones llegaron después del impulso spot, no antes.
Además, el mercado de opciones experimentó un ajuste relevante tras el vencimiento de diciembre: el open interest cayó más de un 45%, reduciendo tensiones previas y modificando la forma en que los creadores de mercado cubren riesgo. En ciertos rangos, la estructura de gamma pasó a favorecer movimientos alcistas en lugar de contenerlos.
¿Puede sostenerse el movimiento?
La gran pregunta ahora es si Bitcoin puede transformar este impulso en una tendencia más prolongada. Un nivel clave identificado por analistas se ubica cerca de los $99.000, donde se concentra el costo base de muchos holders de corto plazo.
Si el precio logra consolidarse por encima de esa zona, la probabilidad de ventas defensivas disminuye y el mercado puede absorber con mayor facilidad la oferta que aparece en el camino. De lo contrario, podrían reaparecer rechazos en áreas donde muchos inversores buscan salir “hechos”.
Glassnode también señala una amplia zona de oferta que se extiende aproximadamente entre $92.000 y $117.000, lo que sugiere que el avance podría no ser lineal y presentar pausas o retrocesos intermedios.
El telón de fondo macro y regulatorio
A este cuadro se suma un contexto macro algo más benigno. Los últimos datos de inflación en Estados Unidos mostraron una desaceleración moderada, lo que reduce el riesgo de shocks adicionales en política monetaria. En entornos donde el apetito por riesgo mejora, Bitcoin suele beneficiarse como activo de alta beta.
En paralelo, el debate regulatorio en EE. UU., con proyectos como el CLARITY Act, apunta a reducir la incertidumbre institucional. Aunque no está exento de controversias, un marco más claro tiende a comprimir la prima de riesgo que muchos inversores asignan al activo.
Un rally distinto a los anteriores
En conjunto, el avance que llevó a Bitcoin a rozar los $97.000 no parece responder a un simple episodio especulativo. La combinación de demanda spot institucional, escasa venta estructural y derivados alineados con el movimiento dibuja un escenario distinto al de otros rebotes fallidos.
El desafío ahora es sostener esa dinámica. Si los flujos continúan y la oferta sigue contenida, el mercado podría estar frente a algo más que un rally de corto plazo.


