La relación entre bonos del Tesoro y Bitcoin rara vez aparece en los titulares políticos… hasta que la geopolítica decide usar la deuda como herramienta de presión. En medio de un posible conflicto entre Europa y Washington vinculado a Groenlandia, algunos analistas empiezan a plantear una hipótesis incómoda: que líderes europeos podrían tratar a los Treasurys como un punto de apalancamiento estratégico. No se trata de un “Europa vende X” literal —ese titular suele ser engañoso—, sino de algo más técnico y potencialmente más peligroso: velocidad de ejecución, shock de rendimientos y cómo ese movimiento se filtra hacia dólar, condiciones financieras y liquidez cripto.
El foco real no es la cifra total, sino la capacidad del mercado de absorber cambios rápidos en flujos. Cuando el mercado de Treasurys se sacude, lo primero que se mueve no es Bitcoin: se mueven las tasas reales, el dólar y el costo del capital. Y en 2026, eso termina importando muchísimo para cripto.
¿Cuánto Treasurys tienen los extranjeros? Mucho… pero medirlo no es tan simple
Según datos oficiales, los inversores extranjeros mantenían cerca de $9,355 billones en Treasurys hacia fines de noviembre de 2025. Dentro de ese total, alrededor de $3,922 billones aparecen como tenencias de “holder oficial” (el sector público, bancos centrales o entidades equivalentes).
A primera vista parece un arsenal gigantesco. Y lo es. Pero el problema práctico es que el mercado no opera con titulares, opera con estructuras de custodia.
En el reporte TIC (Treasury International Capital), las posiciones se atribuyen según custodios y brokers registrados en EE. UU., lo cual implica una trampa importante: el país “atribuido” no siempre es el beneficiario final real. Es decir, parte de la propiedad europea puede aparecer registrada en jurisdicciones que actúan como hubs de custodia, y no necesariamente como “Europa” de forma directa y coordinable.
Por eso, hablar de “la UE vende X” como si fuera una orden centralizada suele ser una simplificación peligrosa.
El punto clave: oficiales vs privados, ventas rápidas vs ajuste gradual
Si esta idea se convirtiera en una herramienta política real, el escenario más plausible no sería un volantazo instantáneo, sino una secuencia:
fase de señal política (discursos, advertencias, tensión creciente)
fase de ajuste de lineamientos (acortar duración, reducir exposición futura, diversificar)
fase de ejecución (runoff + ventas selectivas)
En ese sentido, hay dos maneras de “reducir Treasurys”:
Runoff (no reinvertir vencimientos)
Más lento, más silencioso, y puede implementarse sin declararlo como “arma”. Su impacto se reparte en trimestres.
Ventas activas en mercado secundario
Más rápida, más visible, y con mayor riesgo de shock de rendimientos si ocurre en una ventana corta.
El mercado puede tolerar mucho volumen… pero tolera menos velocidad cuando el flujo se concentra en semanas y obliga a reposicionar carteras, cubrir riesgo y recalcular márgenes.
¿Por qué importa tanto un shock de yields?
Porque el Treasury es la referencia global. Si los rendimientos suben de forma abrupta, se produce un efecto en cadena:
suben tasas hipotecarias
se encarece el crédito corporativo
se recalibran valuaciones de equity por tasa de descuento
se endurecen las condiciones financieras en todo el mundo
Y Estados Unidos además arrastra un contexto de deuda enorme: la deuda bruta ronda $38,6 billones. En ese escenario, cada cambio marginal en costo de financiamiento se vuelve más sensible.
No hace falta que Europa venda “todo”. Basta con que el mercado perciba que el margen de demanda estructural se debilita para que term premium se recaliente.
Dólar: puede fortalecerse incluso si alguien vende Treasurys
Acá aparece una paradoja interesante. En episodios de stress geopolítico, el dólar muchas veces se fortalece porque el mundo busca liquidez y colateral. Es decir, podríamos ver:
yields subiendo
dólar firme o más fuerte
Aunque el catalizador sea una disputa política.
A más largo plazo, si la politización de la deuda se volviera sostenida, el mercado podría empezar a diversificar y reducir su dependencia estructural del dólar. Pero ese tipo de cambio es lento, de años, no de días.
¿Y qué tiene que ver esto con Bitcoin?
Mucho. Porque hoy Bitcoin no flota aislado como en 2017: responde al clima financiero.
Si un episodio de tensión empuja yields al alza y endurece el dólar, los canales que suelen afectar cripto son claros:
Sube la tasa real / sube el descuento → presión sobre activos sin yield
Se endurece el financiamiento → cae el apalancamiento disponible
Se contrae la liquidez marginal → menos flujo hacia BTC/ETH
Se frena el “dry powder” cripto → menor crecimiento de stablecoins
La cripto liquidez de 2026 está profundamente conectada a stablecoins y al dólar. Si las condiciones se ajustan, el mercado siente la compresión, incluso si la narrativa cripto es positiva.
El canal narrativo: el shock también puede alimentar el “caso cripto”
Hay un giro curioso: si se instala la idea de que los Treasurys pueden ser usados como arma política entre aliados, algunos inversores podrían reactivar la narrativa de “neutralidad” o “alternativa” que cripto intenta representar.
Pero ese efecto suele ser de largo plazo. En el corto plazo, lo que manda no es el ideal: manda el riesgo. Y en modo risk-off con yields altos, Bitcoin tiende a sufrir antes de que se beneficie.
Lo que realmente habría que monitorear
Más que el titular “Europa vende”, el mercado miraría señales más concretas:
cambios en custodia oficial (por ejemplo, holdings oficiales en custodia de la Fed)
próximos datos TIC de variación mensual
movimiento de yields intermedios (5y/10y)
fuerza del dólar
evolución de stablecoins como proxy de liquidez cripto
Porque el verdadero riesgo no es el tamaño. Es el timing.
Si el ajuste es gradual, el mercado lo digiere.
Si el ajuste se concentra en pocas semanas, se vuelve shock.


