Los nuevos datos del sector blockchain muestran que, mientras la adopción legítima sigue creciendo, el crimen financiero on-chain también ha alcanzado niveles sin precedentes.
Durante 2025, las direcciones vinculadas a actividades ilícitas recibieron al menos $154.000 millones en criptomonedas, lo que representa un aumento interanual del 162% frente a 2024, según un informe reciente de Chainalysis. Se trata del mayor volumen jamás registrado desde que existen mediciones sistemáticas del crimen en blockchain.
Un crecimiento impulsado por sanciones y actores estatales
El factor más determinante del repunte fue la evasión de sanciones económicas, con un incremento del 694% interanual en el valor recibido por entidades sancionadas. No obstante, el informe subraya que incluso sin este componente, 2025 habría sido el año más grande en actividad cripto ilícita jamás observado, debido a la expansión de scams, hackeos, lavado de dinero y otras modalidades delictivas.
A pesar de los montos absolutos, la proporción sigue siendo reducida frente al uso legítimo: las transacciones ilícitas continúan representando menos del 1% del volumen total on-chain, apenas por encima del año anterior. El contraste evidencia la escala creciente del ecosistema cripto, donde el uso legítimo aún domina ampliamente.
Las stablecoins dominan el mapa del delito
Uno de los cambios estructurales más relevantes es el rol de las stablecoins, que ya concentran el 84% del volumen total de transacciones ilícitas. Su baja volatilidad, facilidad de transferencia y utilidad para pagos transfronterizos las han convertido en el vehículo preferido para el crimen financiero digital, desplazando de forma progresiva a Bitcoin y Ethereum.
Los datos muestran una transición clara: mientras en 2020 Bitcoin concentraba la mayoría de la actividad ilícita, en 2025 su participación cae a mínimos históricos frente al avance de USDT, USDC y otras stablecoins, especialmente en redes de alta liquidez.
Corea del Norte y Rusia elevan el impacto geopolítico
El informe destaca el papel creciente de actores estatales. En particular, hackers vinculados a Corea del Norte robaron cerca de $2.000 millones en criptomonedas durante 2025, incluyendo el ataque a Bybit en febrero, catalogado como el mayor robo cripto de la historia, con pérdidas cercanas a $1.500 millones.
Chainalysis señala que las operaciones norcoreanas alcanzaron niveles inéditos de sofisticación, tanto en técnicas de intrusión como en estrategias de lavado on-chain, consolidando 2025 como el año más dañino en términos de actividad vinculada a la DPRK.
En paralelo, Rusia avanzó en su estrategia cripto-soberana con el lanzamiento del token A7A5, respaldado por el rublo, diseñado explícitamente para facilitar la evasión de sanciones. En su primer año de operación, el activo procesó más de $93.300 millones en transacciones, reforzando el uso de blockchain como infraestructura financiera alternativa a los sistemas tradicionales.
Irán, redes proxy y financiamiento encubierto
El reporte también identifica un uso intensivo de criptomonedas por parte de redes alineadas con Irán, que movieron más de $2.000 millones on-chain mediante wallets sancionadas. Estos flujos se destinaron a lavado de dinero, comercio ilícito de petróleo y adquisición de armas y bienes estratégicos.
Asimismo, organizaciones como Hezbollah, Hamas y los Houthis habrían utilizado criptomonedas a volúmenes no registrados anteriormente, marcando un punto de inflexión en el financiamiento digital de grupos armados.
Redes chinas de lavado y la industrialización del delito
Más allá de los Estados, Chainalysis identifica a las redes chinas de lavado de dinero como uno de los actores más influyentes del ecosistema ilícito. Estas estructuras operan bajo un modelo de “laundering-as-a-service”, ofreciendo servicios profesionales de conversión, ocultamiento y dispersión de fondos para estafadores, hackers norcoreanos, evasores de sanciones y financistas del terrorismo.
A esto se suma el auge de proveedores de infraestructura criminal “full-stack”, que incluyen bulletproof hosting, registradores de dominios resistentes a decomisos y plataformas técnicas diseñadas para evadir acciones legales y regulatorias, permitiendo escalar operaciones de ransomware, malware y mercados ilícitos.
Criptomonedas y violencia física: una convergencia preocupante
El informe también documenta una creciente intersección entre el crimen cripto y la violencia física. Se registró un aumento del uso de criptomonedas en trata de personas, así como un repunte de ataques de coerción directa, donde las víctimas son forzadas violentamente a transferir activos digitales, especialmente durante períodos de precios elevados en el mercado cripto.
El panorama que deja 2025 es claro: la actividad ilícita en blockchain se ha sofisticado, globalizado y politizado, apoyándose cada vez más en stablecoins, infraestructura especializada y actores estatales. Al mismo tiempo, el bajo porcentaje relativo frente al uso legítimo confirma que el desafío no es la tecnología, sino cómo se gobierna y supervisa su utilización a escala global.

Un crecimiento impulsado por sanciones y actores estatales
