El reciente rebote de Bitcoin hacia los 70.000 dólares volvió a encender el debate sobre Jane Street y Bitcoin, una relación que en redes sociales fue presentada como prueba de una supuesta influencia excesiva de Wall Street en el descubrimiento de precios. Sin embargo, más allá del ruido viral, el episodio expone una cuestión más profunda: cómo la infraestructura institucional de los ETF ha transformado —y complejizado— la lectura del mercado.
El rumor tomó fuerza tras dos jornadas de fuerte recuperación en BTC. Algunos operadores en X sugirieron que un supuesto patrón de ventas agresivas alrededor de las 10:00 A.M. (hora del Este de EE. UU.) había desaparecido justo después de que se hiciera pública una nueva demanda vinculada al colapso de Terraform Labs en 2022. En ese contexto, el nombre de Jane Street —uno de los mayores creadores de mercado del mundo y participante autorizado en ETF como IBIT— se convirtió en blanco de especulación.
La teoría resultaba seductora: si una firma con acceso directo al mecanismo de creación y redención de ETF había estado “apretando” el mercado en la apertura estadounidense, su repentina moderación tras la exposición legal sería una señal reveladora. Pero una narrativa atractiva no equivale a evidencia.
Es cierto que Jane Street fue mencionada en una demanda presentada por el administrador de la liquidación de Terraform Labs, donde se la acusa —junto a otros actores— de haber aprovechado información material no pública durante la crisis de TerraUSD en mayo de 2022. La firma negó cualquier irregularidad. No obstante, esa acusación histórica no constituye prueba de manipulación en el mercado actual de Bitcoin.
Analistas on-chain y de derivados rechazaron rápidamente la hipótesis de una “supresión coordinada”. James Check, de Checkonchain, sostuvo que las ventas de holders de largo plazo explican mejor la presión bajista reciente. Por su parte, Julio Moreno, de CryptoQuant, señaló que la caída de la demanda spot desde octubre de 2025 y los flujos negativos en ETF —que acumularon aproximadamente 4.500 millones de dólares en salidas en cinco semanas— ofrecen una explicación más sólida que cualquier conspiración intradía.
Además, el mercado de opciones de Bitcoin mostraba señales de fragilidad estructural. Mapas históricos de exposición gamma revelaron expansión de zonas de gamma negativa alrededor del precio, lo que implica que los dealers, en lugar de amortiguar movimientos, tienden a amplificarlos mediante coberturas delta que persiguen la dirección del mercado. En entornos de baja liquidez —la profundidad de mercado se mantiene más de 30% por debajo de niveles de octubre— estos efectos se magnifican.
En ese contexto, casi cualquier movimiento brusco puede parecer coordinado.
El verdadero punto de fricción no es si una firma específica “suprime” el precio, sino cómo la estructura de los ETF ha introducido una capa adicional de opacidad entre el flujo visible y la exposición real. Los formularios regulatorios como el 13F muestran posiciones largas, pero no reflejan posiciones cortas ni estrategias delta-neutrales asociadas. Lo que parece una apuesta direccional puede estar envuelto en futuros, swaps u opciones que el público no ve.
La aprobación de creaciones y redenciones “in-kind” en 2025 amplió la flexibilidad de los participantes autorizados. Esto mejoró eficiencia y costos, pero también amplió el rango de instrumentos con los que pueden gestionar inventario y riesgo. El resultado es que el mercado observa las tuberías del ETF sin poder inspeccionar completamente lo que circula dentro de ellas.
Grandes instituciones —incluyendo bancos y firmas de trading cuantitativo— forman parte del engranaje de creación y redención. Eso no implica abuso, pero sí significa que el descubrimiento de precios ahora atraviesa una infraestructura más compleja y menos transparente para el inversor minorista.
La apertura estadounidense, además, es naturalmente un período de alta volatilidad. Es el momento en que se reequilibran carteras multi-activo, se ajustan coberturas y se transmiten movimientos del Nasdaq y otros índices hacia activos correlacionados. Si Bitcoin está siendo negociado cada vez más como activo macro de riesgo a través del envoltorio ETF, no sorprende que comparta esa ventana de volatilidad.
De hecho, datos recientes muestran que el rendimiento acumulado de IBIT en la franja de 10:00 a 10:30 A.M. no respalda la tesis de un patrón sistemático de venta diaria. La evidencia estadística es, como mínimo, ambigua.
Lo que sí es evidente es que el mercado post-ETF es diferente. La escasez programada de Bitcoin permanece intacta en la cadena. Pero la ruta por la que fluye la demanda institucional es más opaca que la oferta on-chain. Esa brecha entre transparencia protocolar y complejidad financiera alimenta desconfianza.
El debate sobre Jane Street y Bitcoin, en última instancia, es menos una acusación puntual que un síntoma de esa transición. El activo se ha integrado más profundamente en el sistema financiero tradicional. Es más accesible, más líquido institucionalmente y, paradójicamente, más difícil de interpretar para el público general.
En mercados donde la liquidez es frágil y el apalancamiento elevado, las narrativas prosperan rápido. Pero hasta ahora, los datos sugieren que la dinámica reciente responde más a flujos macro, posicionamiento en derivados y estructura ETF que a un programa deliberado de manipulación.
Bitcoin sigue siendo escaso por diseño. Lo que cambió es el entorno donde se forma su precio.

