La nueva guerra regulatoria en Washington ya no se centra en si las stablecoins deben existir, sino en algo mucho más específico —y con impacto económico inmediato—: stablecoin rewards. El debate se encendió a días de que el Comité Bancario del Senado evalúe el CLARITY Act el 15 de enero, y podría determinar quién controla un mercado de miles de millones de dólares al año en incentivos, recompensas y “beneficios” vinculados a stablecoins.
El conflicto es simple de formular, pero difícil de resolver: si la ley prohíbe el rendimiento pagado por el emisor, ¿pueden los exchanges y plataformas seguir ofreciendo recompensas por otros caminos? Y si pueden, ¿hasta dónde se permite “rodear” esa restricción sin violar su espíritu?
GENIUS Act: el freno al “yield del emisor” ya está vigente
El punto de partida es el GENIUS Act, que ya funciona como ley y establece el marco para stablecoins de pago en Estados Unidos. En ese texto, los emisores autorizados tienen una línea roja: no pueden pagar interés ni rendimiento “solo por mantener” una stablecoin, porque el objetivo es que estos activos se comporten como dinero, no como depósitos disfrazados.
En otras palabras, GENIUS buscó evitar que una stablecoin de pago compita directamente con cuentas bancarias tradicionales mediante rendimiento automático. Sin embargo, el propio diseño de mercado dejó un espacio abierto: ¿qué pasa cuando el “beneficio” lo paga un exchange, o un tercero, o se estructura como un programa de fidelidad y no como rendimiento directo?
Ahí es donde entra el CLARITY Act.
CLARITY Act: el perímetro de enforcement se decide ahora
Según reportes recientes, el CLARITY Act podría fijar el “perímetro real” que define qué es un reward permitido y cuál se considera un yield encubierto. La diferencia no es técnica: es el núcleo del negocio de distribución y adopción de stablecoins.
Reuters ya adelantó que el borrador en discusión contempla prohibir que empresas cripto ofrezcan interés únicamente por mantener stablecoins, pero permitir ciertos esquemas ligados a pagos o fidelización con obligaciones de divulgación.
Este matiz es justamente el corazón del debate:
Si el texto termina como “solo disclosure”, las recompensas sobreviven (con transparencia).
Si el texto impone restricciones duras, cambia todo el modelo económico.
Tres tipos de recompensas… y una sola sobrevivirá con fuerza
El ecosistema de stablecoin rewards no es uniforme. Hoy conviven al menos tres modelos:
Rendimiento pagado por el emisor
El emisor comparte el ingreso de reservas directamente con holders. Esto es lo que GENIUS quiso bloquear.Recompensas pagadas por plataformas
Exchanges o billeteras pagan beneficios desde su propio margen, como marketing o fidelidad, para aumentar retención y balances.Rutas indirectas de “yield”
Diseños más sofisticados que, sin decirlo explícitamente, logran que el usuario termine capturando economía de T-bills o rendimientos de reservas mediante afiliados y estructuras asociadas.
El Senado, en la práctica, debe decidir qué interpreta como “reward legítimo” y qué considera “yield camuflado”.
Coinbase, el síntoma de que el debate es dinero real
La tensión escaló cuando Bloomberg reportó que Coinbase podría reconsiderar su apoyo al CLARITY Act si el lenguaje pasa de obligaciones de disclosure a restricciones directas sobre recompensas. Aunque el contenido exacto del reporte es parte del ruido político, el motivo económico es evidente: el negocio stablecoin ya es una línea material para grandes plataformas.
En su carta a accionistas del Q3 2025, Coinbase mostró que los ingresos vinculados a stablecoins alcanzaron $355 millones en el trimestre y que el crecimiento estuvo influido por mayores “USDC rewards”, con un balance promedio de $15.0 mil millones en USDC en productos de la plataforma.
Eso deja una lectura clara: si el Congreso limita los rewards de plataforma, no es un cambio cosmético, es un ajuste directo sobre ingresos, adopción y retención.
Bancos vs cripto: la pelea por los depósitos disfrazados
Del otro lado, el lobby bancario presiona para cerrar lo que considera una fuga inevitable: si el emisor no puede pagar yield, pero el exchange lo paga “con otro nombre”, el resultado económico es casi idéntico: el usuario mantiene stablecoins como si fueran una cuenta remunerada.
Ese temor también aparece en la discusión pública sobre cómo implementar GENIUS: la pregunta de fondo no es “si hay yield”, sino quién lo paga y desde dónde se financia, porque eso puede volver a las stablecoins un sustituto de depósitos.
Por qué 2026 podría ser el año decisivo
El timing importa. La discusión llega cuando las stablecoins ya no son un juguete del mercado cripto, sino una capa con volumen global, pagos y liquidez transfronteriza. Con ese crecimiento, los stablecoin rewards dejan de ser “beneficios de marketing” para convertirse en un campo de disputa por flujos de caja, retención de capital y competencia con productos tradicionales.
En ese contexto, el CLARITY Act no solo define reglas, también define un mapa de ganadores:
Si permite recompensas de plataforma con disclosure, los exchanges retienen poder y la distribución crece rápido.
Si se extiende el perímetro de prohibición a afiliados e intermediarios, los bancos ganan un muro más alto y la adopción podría volverse menos “incentivada”.
Qué mirar el 15 de enero: el detalle que puede cambiar todo
La sesión del Senado sobre el CLARITY Act puede girar alrededor de cuatro decisiones prácticas:
¿Reward = disclosure o reward = restricción?
¿La regla se aplica solo al emisor o a toda la cadena (afiliados, partners, plataformas)?
¿Se define reward de forma amplia, evitando “rutas indirectas”?
¿Qué tan fácil será fiscalizarlo sin crear arbitraje regulatorio?
Porque en política regulatoria, las palabras importan: una definición estrecha puede convertirse en un agujero; una definición demasiado amplia puede convertirse en un freno.
El verdadero fondo del debate: dinero vs dinero
En teoría, GENIUS intentó que una stablecoin de pago sea simplemente eso: un instrumento para mover valor. Pero la realidad de mercado es que la gente se queda donde hay incentivo. Y cuando el incentivo está atado a balances, el sistema se comporta como una guerra por depósitos.
Por eso, la disputa sobre stablecoin rewards es mucho más que un debate jurídico: es un pulso por quién controla el canal de distribución del dólar digital, cuánto cuesta crecer, y qué modelos de negocio sobreviven cuando Estados Unidos pretende regular stablecoins “como dinero”.


