Contra todo pronóstico, el precio del petróleo cayó tras la reciente operación de Estados Unidos en Venezuela, mientras Bitcoin (BTC) se mantuvo firme sobre los 90.000 dólares y reforzó su papel como activo macro sensible a liquidez, inflación y expectativas de tasas.
Un movimiento que descolocó al mercado energético
Cuando abrieron los futuros el lunes, la reacción fue inesperada. En lugar de un repunte abrupto, el crudo Brent retrocedió hacia la zona baja de los 60 dólares, mientras el WTI llegó a caer cerca de 2% antes de estabilizarse alrededor de los 57 dólares. Para muchos operadores, el mensaje fue claro: el mercado no está descontando una interrupción inmediata del suministro.
El razonamiento dominante es que la infraestructura petrolera venezolana sigue operativa y que el evento no implicó, al menos en el corto plazo, una salida de barriles del mercado. Más aún, comenzó a tomar fuerza una narrativa distinta: una eventual transición política respaldada por Estados Unidos podría aumentar la oferta de crudo a mediano plazo, no reducirla.
Oferta futura y presión bajista sobre el crudo
Este giro narrativo encaja con proyecciones que ya venían circulando antes del fin de semana. Organismos oficiales de Estados Unidos anticipan un aumento de inventarios globales y presión bajista sobre los precios del petróleo hasta 2026, con estimaciones que sitúan al Brent cerca de los 55 dólares en el primer trimestre y relativamente estable durante el próximo año.
A esto se suma la postura de OPEP+, que decidió mantener sin cambios su política de producción al menos hasta comienzos de 2026, reforzando la percepción de un mercado bien abastecido. En ese contexto, Venezuela aparece en los modelos como un posible “extra” de suministro futuro, no como una disrupción inmediata.
Por qué este escenario favorece a Bitcoin
Para Bitcoin, la relación con los conflictos geopolíticos rara vez es directa. El canal clave suele pasar por inflación, tasas de interés y liquidez global. Un petróleo más barato, si se sostiene, tiende a enfriar la inflación, lo que reduce la presión sobre los bancos centrales para mantener políticas monetarias restrictivas.
En ese entorno, Bitcoin deja de comportarse como un simple “refugio de guerra” y empieza a beneficiarse de expectativas de liquidez más favorables. La reacción reciente encaja con ese patrón: mientras el crudo se debilitaba, BTC evitó ventas de pánico y mostró resiliencia, operando en la franja baja de los 90.000 dólares.
El mercado mira el largo plazo, no el impacto inmediato
Parte del ruido en redes sociales asume un efecto inmediato de Venezuela sobre la oferta global. Sin embargo, los datos y análisis apuntan a lo contrario. Reconstruir una industria petrolera nacional es un proceso de años, que requiere miles de millones de dólares en inversión y estabilidad regulatoria.
Estimaciones de grandes bancos indican que, bajo un escenario de normalización, Venezuela podría volver a producir algo más de 1 millón de barriles diarios en un par de años, con un techo mayor hacia el final de la década. Alcanzar niveles cercanos a 2 millones de barriles diarios tendría potencial para recortar varios dólares al precio del crudo, reforzando el sesgo desinflacionario.
Bonos, deuda y señales de normalización
La misma lógica se reflejó en otros mercados. La deuda soberana venezolana y los bonos de PDVSA mostraron expectativas de recuperación, con proyecciones de subas significativas ante un eventual proceso de reestructuración y reinserción financiera. Ese comportamiento indica que los inversores están descontando “cambio” y normalización, no caos prolongado.
Para el mercado cripto, este tipo de reposicionamiento macro es relevante. Bitcoin suele reaccionar a grandes cambios de narrativa, incluso cuando los titulares parecen desconectados del activo digital.
Claves a vigilar para el próximo movimiento
El impacto final sobre Bitcoin dependerá de cómo evolucionen varios frentes:
Sanciones y licencias: cualquier señal de flexibilización o endurecimiento tiene efectos directos sobre la oferta futura.
OPEP+: la reunión del 1 de febrero puede actuar como amortiguador si el precio del crudo sigue cediendo.
Inventarios: datos que confirmen un superávit sostenido refuerzan el escenario favorable para BTC.
Inversión real: acuerdos y compromisos de capital son el puente entre titulares políticos y producción efectiva.
El mercado no está operando la captura en sí, sino lo que ese evento podría significar para el precio de la energía y, en consecuencia, para el precio del dinero. En un entorno donde la caída del petróleo se interpreta como un aumento de oferta y no como una señal de colapso de la demanda, Bitcoin encuentra un raro viento de cola macro que pocos anticipaban


