XRP atraviesa uno de los momentos más particulares de su historia reciente. En un contexto donde Bitcoin, Ethereum y el resto del mercado cripto han retrocedido a niveles de valoración no vistos desde finales de 2024, el token vinculado al ecosistema Ripple muestra un comportamiento anímico distinto. Aunque su precio también cayó con fuerza y tocó mínimos no vistos desde noviembre del año pasado, el sentimiento que lo rodea resulta notablemente menos negativo que el de los dos principales criptoactivos.
Esta diferencia no se explica por la acción del precio en el corto plazo, sino por una serie de catalizadores específicos que permiten a los traders construir escenarios tácticos. Mientras Bitcoin y Ethereum se comportan cada vez más como activos macro de alta beta, sensibles a la liquidez global y a las expectativas monetarias, XRP empieza a operar bajo una lógica distinta, más vinculada a cambios en la estructura del mercado y al acceso institucional.
Uno de los pilares de este optimismo relativo es el avance del ecosistema Ripple hacia una infraestructura que busca integrar finanzas tradicionales con liquidez on-chain. A comienzos de febrero, la compañía anunció que Ripple Prime ahora soporta Hyperliquid, una integración que permite a clientes institucionales acceder a derivados descentralizados mediante una interfaz similar a la de un prime broker tradicional. El foco está puesto en el acceso consolidado, la gestión de margen y el control de riesgos, elementos clave para que las instituciones se sientan cómodas operando en entornos DeFi.
Si bien este tipo de integraciones no generan automáticamente demanda spot para XRP, sí refuerzan la percepción de que Ripple está alineando su pila institucional con mercados on-chain justo cuando el debate regulatorio empuja la actividad hacia rieles más compatibles con el cumplimiento normativo.
En paralelo, el XRP Ledger activó una de sus actualizaciones más relevantes: los llamados “Permissioned Domains”. Estos dominios, ya operativos en la red principal, permiten crear entornos controlados donde el acceso a determinadas funciones, como exchanges descentralizados con permisos, queda sujeto a credenciales. En la práctica, se trata de una capa que busca reconciliar la operativa on-chain con los requisitos de KYC y control de contraparte que exigen los reguladores y las entidades financieras.
Este enfoque apunta a resolver una de las tensiones históricas del sector: cómo permitir la participación institucional sin renunciar a la eficiencia de la infraestructura blockchain. Para muchos participantes del mercado, este tipo de avances le otorga a XRP una “opcionalidad” que hoy no está presente con la misma claridad en otros activos.
Las señales provenientes del mercado de derivados refuerzan esta lectura. En Bitcoin y Ethereum, los datos muestran un escenario de estrés y limpieza forzada de posiciones. Solo en los últimos días, las liquidaciones en BTC superaron los 3.000 millones de dólares, reflejando una salida abrupta de apalancamiento. En Ethereum, indicadores vinculados a la demanda institucional en Estados Unidos tocaron niveles extremadamente bajos, sugiriendo una fuerte desinversión defensiva.
XRP, en cambio, presenta un cuadro distinto. El interés abierto en derivados cayó a mínimos de varios meses, lo que indica que la especulación excesiva ya fue absorbida por el mercado. Este tipo de “reset” suele ser un requisito previo para la construcción de movimientos más sostenibles. Además, el mercado de opciones muestra un claro sesgo alcista, con una fuerte preferencia por calls frente a puts, señal de que los operadores buscan exposición al alza sin asumir el riesgo de comprar en spot durante una tendencia débil.
La divergencia también se observa en los flujos institucionales a través de productos regulados. Mientras los ETF de Bitcoin y Ethereum acumulan salidas netas desde finales de 2025, los productos vinculados a XRP muestran el patrón opuesto. Desde su lanzamiento, estos vehículos captaron alrededor de 1.300 millones de dólares y registraron muy pocos días de flujos negativos. Esto sugiere que, para ciertos inversores, XRP está siendo tratado como una asignación incremental y no como una fuente de liquidez a recortar en momentos de estrés.
Otro factor clave es la reducción del riesgo regulatorio. Tras la resolución definitiva del conflicto con la SEC en 2025, la narrativa en torno a XRP dejó de estar dominada por litigios y pasó a centrarse en infraestructura financiera. Desde entonces, el ecosistema Ripple amplió su presencia en mercados regulados, lanzó su stablecoin RLUSD —que ya supera los 1.400 millones de dólares en circulación— y reforzó su rol como riel de liquidación.
De cara al futuro, los analistas manejan tres escenarios principales. En uno base, el mercado se estabiliza y XRP conserva una prima relativa gracias a sus catalizadores, aun sin un salto explosivo en volumen. En un escenario alcista, la infraestructura permissioned del XRPL podría convertirse en un estándar para ciertos flujos institucionales, provocando una revalorización estructural del activo. El escenario negativo, en cambio, contempla que la presión macro continúe y que la adopción institucional se retrase, postergando la narrativa para la segunda mitad del año.
Por ahora, los datos marcan una división clara. Bitcoin y Ethereum siguen cargando el peso de la macroeconomía global y la contracción de liquidez, mientras XRP es valorado por la posibilidad de que la próxima etapa del mercado cripto esté definida por rieles regulados, credenciales y participación institucional. Esa expectativa, más que el precio actual, es lo que sostiene el mejor ánimo relativo en torno al activo.


