Hay una imagen más honesta que cualquier indicador.
Una pelota bajando por una escalera. No se desploma. Va golpeando escalón por escalón. Amaga con quedarse, rebota, y sigue. Siempre un poco más abajo.
Bitcoin hoy se parece a eso.
No está “roto”. No está en mínimos históricos. No hay dramatismo épico.
Pero tampoco hay algo que lo sostenga.
Y esa diferencia es incómoda.
La baja desde los máximos fue limpia. Sin desorden. Sin pánico televisivo.
Cada rebote duró menos que el anterior. Cada intento de recuperación se quedó sin aire antes de agarrar ritmo.
Eso es lo que pesa.
Cuando un mercado quiere girar, se nota. Aparece volumen. Aparece decisión.
Cuando no quiere, apenas respira.
Bitcoin respira. Nada más.
Se perforaron zonas que hace semanas parecían murallas. No hubo defensa visible. No apareció esa vela violenta que cambia el ánimo. Solo continuidad.
Como si el precio apoyara el pie… y el suelo cediera.
Muchos confunden caída con oportunidad automática.
Pero los precios no rebotan por estar “baratos”. Rebotan cuando alguien los defiende.
Y acá no hubo defensa clara.
No hubo ese salto seco que obliga a replantear el escenario. No hubo competencia feroz por entrar. Hubo espera.
Demasiada espera.
Es una subasta silenciosa: el vendedor baja, baja, baja. Y el comprador mira. Calcula. Espera un poco más abajo.
Sin pánico.
Sin urgencia.
Eso también es una señal.
Las caídas profundas suelen terminar con ruido. Con un día exagerado. Con capitulación.
Un momento donde nadie quiere seguir sosteniendo nada.
Todavía no pasó.
Hay volumen, sí. Pero no hay histeria.
Hay desgaste.
Y cuando el desgaste reemplaza al estallido, el proceso suele estirarse más de lo que el optimismo tolera.
¿Puede aparecer un rebote técnico? Claro. Es probable.
Cuando muchos ya vendieron, cualquier chispa mueve el precio.
Pero un rebote no es un giro.
Un rebote es alivio.
Un giro es convicción.
Y hoy convicción no sobra.
El error habitual es pensar que un soporte tiene la obligación de funcionar.
No la tiene.
Funciona si hay interés real. Si alguien decide que ese nivel vale la pelea.
Bitcoin no borró su historia. El ciclo grande no desapareció por esta corrección.
Pero dejó algo expuesto: la última subida tuvo más entusiasmo que compromiso.
Eso se nota cuando el mercado cae y nadie se apura a sostenerlo.
Un activo no gira porque esté abajo.
Gira cuando aparece una mano firme que dice “hasta acá”.
Esa mano todavía no se ve.
La pelota sigue bajando escalones.
No hace ruido fuerte. No hay golpe final.
Solo ese rebote corto…
y otro escalón más.


