Esta semana
La agenda estuvo marcada por un solo tema: las expectativas de tasas. El dato de PCE en 2,6 % interanual (con el núcleo en 2,9 %) mantiene viva la chance de un recorte en septiembre, pero no despeja el camino. El mercado sigue viendo ~85 % de probabilidad para esa baja, aunque con menos entusiasmo: la idea de una serie rápida de alivios perdió fuerza.
Desde la misma Fed, Christopher Waller puso algo de contexto: propone recortes graduales que, en unos 3 a 6 meses, sumarían entre 125 y 150 puntos básicos, siempre según lo que digan los datos. Es una hoja de ruta razonable, pero bastante más lenta que lo que parte del mercado había imaginado.
A esto se le sumó un factor político que encendió luces rojas: el despido de Lisa Cook, gobernadora de la Fed, por orden de Trump. Muchos lo vieron como un intento de meter mano en la independencia del banco central. Y eso genera ruido: si la política mete la cola, la señal de tasas se vuelve borrosa y sube la incertidumbre.
¿El efecto en los activos de riesgo? Bastante predecible: menos apetito, rotación hacia refugios y un Bitcoin que cayó cerca de 2,5 % en la semana, en línea con otros activos sensibles al costo del dinero.
Qué mira hoy el mercado
Tres cosas, sobre todo:
La inflación: El PCE bajó, sí, pero el núcleo sigue por encima de la meta.
La voz de Powell: Esta vez sonó un poco más “dovish”, aunque sin comprometerse —el clásico “dependemos de los datos” sigue vigente.
El ruido político: Cualquier duda sobre la autonomía de la Fed pega directamente en la curva de tasas… y eso impacta a activos con alta beta, como el cripto.
En ese contexto, Bitcoin funciona como un termómetro: si el mercado cree que las tasas van a bajar de forma ordenada, aparecen flujos de riesgo; si el relato se complica —por inflación dura o por líos políticos—, el precio lo siente. Esta semana pasó lo segundo.
La clave ya no es solo “si recortan”, sino cómo y cuánto. Un recorte en septiembre sin mucha claridad sobre lo que viene después tendría un impacto limitado. En cambio, un camino explícito (algo como lo que planteó Waller) podría recomponer la confianza y habilitar una recuperación más sólida.
Ahora, si los próximos datos de inflación o empleo vuelven a meter presión, o si la tensión política escala, el mercado se va a volver más cauto. ¿Qué haría entonces? Volver a poner en precio la prudencia, con más caídas o, al menos, una etapa de consolidación más larga.
Inversores
Para quienes siguen el corto plazo, el foco está en dos ejes bien claros:
Expectativas de tasas (especialmente el “camino” posterior a septiembre).
Reacción cruzada entre dólar, rendimientos y cripto: cuando el dólar se fortalece y las tasas suben, Bitcoin suele sufrir; si pasa lo contrario, respira.
En horizontes más largos, el enfoque cambia: Bitcoin es sensible al ciclo monetario, pero su tesis de fondo no depende de una semana. Lo que sí cambia todo el tiempo es el precio que el mercado está dispuesto a pagar por esa historia.
Desde los mínimos de marzo, Bitcoin fue subiendo por escalones hasta tocar la zona de 122–123 mil. Desde ahí empezó una corrección por tramos y ahora está testeando la media de 200 días, que pasa cerca de los 108–109 mil. Esa franja de 110 mil es el punto clave del momento.
La caída vino con menos volumen que la suba, algo que suele indicar una pausa, no necesariamente un cambio de tendencia.
En el corto plazo, los rebotes chocan con resistencia en 111–113 mil. Si quiere cambiar el humor, tiene que recuperar esa zona. En la foto grande, la media de 200 días todavía apunta para arriba: mientras el precio se mantenga por encima, el sesgo sigue siendo positivo.
¿Niveles clave? Claros:
Por arriba: 110–112 mil; si pasa, vienen 114–116 mil, luego 118–121 mil, y finalmente el techo de 122,5 mil.
Por abajo: 108–109 mil es el soporte inmediato; si se rompe, viene 105 mil y después la zona colchón de 100–103 mil.
¿Qué puede pasar ahora? Tres escenarios razonables:
Rebote desde 108–105 mil, recupera 110–112 mil y va a buscar 114–116 mil, tal vez hasta 118–121 mil.
Lateraliza entre 105 y 112 mil, mientras el mercado digiere Jackson Hole y espera más datos.
Caída más profunda, si 105 mil no aguanta: en ese caso, podríamos ver un testeo de 100–103 mil antes de intentar otra vez al alza.
El escenario es mixto: el recorte de septiembre parece probable, pero su forma y ritmo siguen siendo un signo de pregunta. A eso se suma el ruido político. En ese combo, Bitcoin hace lo que se espera: actúa con cautela. Si la Fed logra marcar un camino ordenado y creíble, lo de agosto podría quedar como una simple pausa. Si no, el mercado va a seguir pidiendo más descuento hasta que los datos, la política y las expectativas vuelvan a alinearse.
Columna con fines informativos. No representa asesoramiento financiero.