El precio de Solana no está perdido.
Tampoco está insinuando una épica nueva.
Está haciendo algo más raro en este mercado: bajó el tono.
Cuando eso pasa, casi nunca es casualidad. Suele ser la señal de que lo grueso ya ocurrió y que el resto —lo que viene ahora— se juega lejos del ruido.
Una salida sin escenas finales
El área de los $295 no marcó un clímax. No hubo delirio, ni velas exageradas, ni sensación de “última oportunidad”.
Lo que siguió fue otra cosa: salida ordenada.
Máximos más bajos, medias que se aplastan y giran sin aviso, volumen que acompaña más a las caídas que a los rebotes. No hubo pánico. Hubo criterio.
Ese tipo de salida no busca convencer a nadie. Simplemente se va. Y suele hacerlo cuando el mercado todavía cree que todo sigue más o menos igual.
El precio cambia de carácter
Entre $110 y $120 aparece algo distinto. No una vuelta en U, no un rescate heroico. Un cambio de comportamiento.
Las velas empiezan a mostrar mechas largas hacia abajo. Los cierres mejoran apenas. La presión vendedora pierde constancia.
No es fuerza. Es otra cosa.
El activo deja de caer con inercia.
Eso no se llama rebote. Se parece más a alguien recogiendo papel sin apurarse.
Cuando el mercado vuelve a ponerse de acuerdo
Desde ese punto hasta la zona de $240–260, Solana no acelera. Construye.
Mínimos más altos, máximos que se estiran sin desorden, medias cortas funcionando como apoyo. El volumen aparece cuando hace falta y se retira cuando el precio descansa.
Ahí el mercado deja de discutir. No hay relato. Hay acuerdo tácito.
Pero todo acuerdo tiene fecha de vencimiento.
El desgaste del soporte
La franja entre $180 y $200 no falla de golpe. Se gasta.
El precio vuelve, rebota, insiste. Cada intento tiene menos intención que el anterior. No hay sorpresa cuando finalmente cede. Solo confirmación.
El soporte no se rompe: se vacía.
Los indicadores llegan tarde. El gráfico ya había hablado.
La fase ignorada
Después de perder los $180, Solana entra en su tramo más silencioso.
Velas chicas, rangos comprimidos, volumen en retirada. No hay capitulación ni dramatismo. Hay cansancio.
El mínimo en $95 aparece así: sin ruido, sin relato. Y en los mercados, ese tipo de silencio suele marcar pausa, no derrumbe.
Las zonas que importan
Hoy la discusión no pasa por tendencia, sino por control.
Los $180–200 funcionan como techo: donde antes se compraba, ahora se vende.
Los $120–130 contienen el precio: ahí se queda, ahí se negocia en serio.
Los $95–100 fueron un barrido rápido, sin continuación.
El volumen ya no empuja las caídas. Las subidas, aun discretas, concentran más actividad. No es entusiasmo. Son cierres de cortos y compras pacientes.
Escenarios abiertos
El escenario más probable es una fase de reacumulación. Mientras los $125–130 se sostengan, hay margen para armar base y volver a mirar $145–155. Sin euforia. Con tiempo.
Un segundo escenario, incómodo pero posible, sería un barrido corto bajo $120 con recuperación rápida. Limpieza clásica.
El escenario claramente bajista exige algo que hoy no aparece: cierres firmes bajo $115, volumen vendedor real y pérdida de $95.
Lo que queda
Solana no está alcista.
Pero tampoco actúa como un activo frágil.
La distribución ya pasó.
La caída también.
La liquidez fue tomada.
Ahora el mercado decide si vale la pena reconstruir.
En este punto, el error no es quedar afuera.
Es adelantarse.
La ventaja está en mirar con calma quién toma el control cuando el gráfico deja de gritar.

