Una competencia silenciosa, pero potencialmente decisiva, acaba de comenzar dentro del mercado de los ETF de Ethereum. Lejos de los grandes titulares sobre precios o flujos récord, los principales emisores están librando una nueva batalla: quién logra ofrecer el mejor rendimiento por mantener ETH dentro de un producto regulado. Esta “guerra del yield”, todavía incipiente, podría redefinir la forma en que los inversores tradicionales entienden y valoran a Ethereum.
Durante años, el atractivo de ETH dentro de carteras institucionales se apoyó casi exclusivamente en su potencial de apreciación y en su rol como infraestructura clave del ecosistema cripto. Sin embargo, el staking —pilar económico de Ethereum desde la transición a proof-of-stake— permanecía, para muchos inversores, fuera del radar o limitado al mundo cripto-nativo. Eso acaba de cambiar.
El punto de inflexión llegó cuando algunos ETF de Ethereum comenzaron a distribuir en efectivo los ingresos generados por el staking de los ETH que mantienen en custodia. En términos prácticos, esto significa que los inversores ya no solo “esperan” que ETH suba de precio, sino que pueden recibir pagos periódicos, con mecánicas similares a las de un dividendo o cupón, aunque técnicamente no lo sean.
Este cambio tiene implicancias profundas. En primer lugar, altera la narrativa del activo. Ethereum deja de ser únicamente una apuesta de crecimiento o una infraestructura tecnológica y pasa a presentarse también como un activo generador de ingresos. Para gestores de portafolio, esto abre la puerta a nuevos modelos de asignación, donde ETH puede competir, al menos parcialmente, con instrumentos que ofrecen retornos recurrentes.
Pero el verdadero impacto está en la dinámica competitiva entre emisores. Hasta ahora, la batalla entre ETF se centraba en comisiones, liquidez y tracking error. Con la incorporación del staking como fuente de ingresos distribuibles, surge una nueva dimensión de competencia: quién ofrece mayor rendimiento neto, con qué frecuencia, bajo qué estructura de costos y con qué nivel de transparencia.
Aquí es donde la “guerra silenciosa” comienza a tomar forma. Algunos productos optan por distribuir en efectivo las recompensas obtenidas por staking, mientras que otros podrían decidir reinvertirlas dentro del fondo, elevando el valor liquidativo. Ambas estrategias pueden resultar en retornos similares en el largo plazo, pero generan experiencias muy distintas para el inversor. Cobrar un pago visible, en fechas definidas, tiene un peso psicológico que no debe subestimarse.
Además, el staking no es un ingreso fijo. Las recompensas dependen de múltiples variables: la cantidad total de ETH bloqueado en la red, la actividad on-chain, las comisiones pagadas por los usuarios y el desempeño de los validadores. Traducir esa variabilidad en un producto que cumpla con los estándares del mercado financiero tradicional requiere infraestructura, procesos y un marco regulatorio claro.
En ese sentido, el entorno legal ha comenzado a despejarse. En Estados Unidos, la publicación de lineamientos fiscales que permiten a ciertos vehículos mantener actividades de staking sin perder su estatus legal redujo uno de los principales frenos para los emisores. Con menos incertidumbre regulatoria, el staking dejó de ser un riesgo estructural y pasó a ser una ventaja competitiva.
El resultado es un mercado que empieza a parecerse más al de los ETF de renta que al de simples vehículos de exposición al precio. A medida que más emisores adopten esquemas de distribución, los inversores comenzarán a comparar productos no solo por su ticker o por la marca que los respalda, sino por métricas como rendimiento neto, periodicidad de pagos y claridad en la información.
Esto también plantea nuevas preguntas. ¿Qué proporción del ETH del fondo está efectivamente en staking? ¿Cuáles son los costos operativos asociados? ¿Cómo se gestiona el riesgo de penalizaciones o fallos técnicos? Aunque muchos de estos detalles pasan desapercibidos para el inversor minorista, serán determinantes para grandes asignadores de capital.
En perspectiva, esta “guerra del yield” podría tener efectos de largo alcance. Si Ethereum logra consolidarse como un activo que combina crecimiento y generación de ingresos dentro de estructuras reguladas, su rol en carteras institucionales podría ampliarse significativamente. No se trata solo de atraer más capital, sino de anclar ese capital con una propuesta más estable y predecible.
Lo que hoy parece un ajuste técnico en productos especializados podría terminar siendo un cambio estructural en la relación entre Ethereum y los mercados tradicionales. La competencia ya comenzó, aunque todavía no todos la estén mirando. Y, por primera vez, mantener ETH en un ETF no solo implica esperar… sino también cobrar.


