Mientras gran parte del mercado cripto sigue obsesionado con la próxima narrativa especulativa, Vitalik Buterin lanzó una advertencia clara: Ethereum ha superado el trilema de escalabilidad, pero ahora enfrenta una decisión existencial sobre qué tipo de red quiere ser rumbo a 2030.
En una serie de publicaciones recientes, el cofundador de Ethereum evaluó 2025 como un año de avances técnicos decisivos, aunque acompañado de una deriva preocupante hacia lo que denominó “la próxima meta”: memecoins políticas, dólares tokenizados y estrategias para inflar artificialmente el uso de la red con fines económicos.
Ethereum y el fin del trilema
Durante más de una década, el desarrollo blockchain estuvo condicionado por el llamado trilema de escalabilidad, según el cual una red solo podía maximizar dos de tres propiedades: descentralización, seguridad y escalabilidad. Buterin sostiene que ese límite ya no aplica a Ethereum, no en teoría, sino en código activo en producción.
El argumento se apoya en dos pilares técnicos clave activados o maduros en 2025: PeerDAS, que optimiza la disponibilidad de datos mediante muestreo, y la evolución de las ZK-EVM, máquinas virtuales basadas en pruebas de conocimiento cero que ya alcanzan rendimiento de nivel productivo. Según Buterin, la combinación permite a Ethereum alcanzar consenso, descentralización y alto ancho de banda simultáneamente.
Welcome to 2026! Milady is back.
Ethereum did a lot in 2025: gas limits increased, blob count increased, node software quality improved, zkEVMs blasted through their performance milestones, and with zkEVMs and PeerDAS ethereum made its largest step toward being a fundamentally…
— vitalik.eth (@VitalikButerin) January 1, 2026
En términos históricos, comparó este salto con la diferencia entre BitTorrent, altamente distribuido pero sin consenso, y Bitcoin, con consenso descentralizado pero bajo ancho de banda debido a la replicación completa del trabajo entre nodos. Ethereum, sostiene, logra por primera vez integrar ambos mundos.
De blockchain a “computadora mundial”
Para Buterin, resolver el trilema no es el objetivo final. Es apenas la base para algo más ambicioso: convertir a Ethereum en una infraestructura de cómputo compartido, capaz de competir con el modelo actual de internet basado en servicios centralizados y suscripciones.
En ese marco, definió a Ethereum como una “rebelión” frente a un ecosistema digital donde los usuarios dependen de intermediarios que pueden fallar, censurar o desaparecer. La métrica clave para medir ese ideal es el llamado “walkaway test”: una aplicación debe seguir funcionando incluso si sus creadores abandonan el proyecto por completo.
Este principio, según Buterin, debe aplicarse tanto al protocolo base como a las dApps. Hoy, muchas aplicaciones construidas sobre Ethereum siguen dependiendo de servicios centralizados, lo que contradice el espíritu de descentralización que la red dice defender.
El roadmap técnico hacia 2030
Buterin también delineó una hoja de ruta concreta para los próximos años. En 2026, Ethereum planea incrementos significativos del gas limit sin depender aún de ZK-EVM, apoyados en mejoras como BALs y ePBS. Ese mismo año marcaría el inicio de la operación de nodos ZK-EVM por parte de usuarios, un punto clave para la adopción.
Entre 2026 y 2028, la red atravesará reprecios de gas, cambios en la estructura del estado y el traslado del execution payload hacia blobs, optimizando eficiencia y seguridad. Para el período 2027–2030, Buterin anticipa que las ZK-EVM se conviertan en el método principal de validación, reemplazando definitivamente el modelo de replicación tradicional.
El resultado sería un cambio estructural profundo: menos trabajo duplicado, más verificación criptográfica y mayor eficiencia global, habilitando casos de uso más complejos en finanzas, identidad y gobernanza.
El “santo grial” de la descentralización
Más allá del escalado, Buterin señaló un objetivo de largo plazo: el block building distribuido, donde un bloque completo nunca se construye en un solo lugar. Aunque reconoce que no es urgente, lo considera un ideal necesario para reducir riesgos de interferencia centralizada y mejorar la equidad geográfica de la red.
Este enfoque podría materializarse mediante mecanismos in-protocol, como la expansión de FOCIL, o a través de mercados distribuidos de constructores de bloques fuera del protocolo. En ambos casos, el objetivo es dispersar la autoridad y evitar puntos únicos de control en la inclusión de transacciones.
Con el trilema resuelto a nivel técnico, Ethereum entra en una nueva etapa donde las limitaciones ya no son de ingeniería, sino de dirección colectiva. Como dejó entrever Buterin, la pregunta no es si la red puede convertirse en una verdadera computadora mundial, sino si la comunidad elegirá usar ese poder para construirla o seguirá persiguiendo la próxima moda del mercado.


