La respuesta está quedando expuesta por los rendimientos en stablecoins, un frente inesperado donde la tecnología blockchain está poniendo cifras concretas a una brecha histórica que hoy incomoda al sistema financiero tradicional y ya llegó al Congreso de Estados Unidos.
Mientras avanza el debate legislativo en torno a la CLARITY Act, el sector bancario intensificó su presión para limitar o directamente prohibir los rewards en stablecoins, argumentando que funcionan como intereses encubiertos. Detrás del discurso regulatorio, el trasfondo es económico: las plataformas cripto están acercando el rendimiento del dinero digital al tipo de interés real del Tesoro, algo que los bancos no pueden replicar sin afectar su estructura de costos.
El dato que expone la brecha
Según la FDIC, en su actualización del 15 de diciembre de 2025, las tasas nacionales promedio en EE. UU. fueron de apenas 0,39% en cuentas de ahorro, 0,07% en cuentas corrientes con interés y 0,58% en cuentas money market. En paralelo, el rendimiento de referencia del Tesoro para esos productos se ubicó en 3,89%.

La diferencia no es trivial. Aunque no representa de forma directa la ganancia bancaria, sí cuantifica hasta qué punto la remuneración de los depósitos minoristas se mantiene muy por debajo del rendimiento del dinero público, gracias a la inercia del cliente, los servicios empaquetados y el costo de cambiar de banco.
Stablecoins como alternativa al depósito
Los rewards en stablecoins reducen drásticamente esa distancia. Al permitir que los usuarios mantengan dólares tokenizados con retornos cercanos al extremo corto de la curva —en línea con los Treasury bills a tres meses, que rondan el 3,88%— el dilema deja de ser “qué banco paga más” y pasa a ser “por qué mi dinero rinde tan poco”.
Desde una perspectiva de balance, el impacto es prospectivo: si los depósitos migran hacia stablecoins, los bancos deben subir tasas o reemplazar fondeo en mercados mayoristas. Ambas opciones incrementan el gasto financiero y lo hacen con rapidez, ya que instrumentos como la SOFR —referencia clave del mercado de financiación overnight— siguen de forma mucho más directa la política monetaria que los depósitos tradicionales.
Plataformas cripto y rendimientos explícitos
El conflicto se vuelve tangible con ejemplos concretos. Coinbase ofrece rewards sobre USDC con una tasa cercana al 3,50%, presentada como un programa de lealtad financiado por la plataforma y no como interés bancario. El acceso, sin embargo, requiere una suscripción a Coinbase One, lo que introduce un modelo híbrido entre fidelización y rentabilidad.
Por su parte, Binance ha lanzado campañas temporales de alto rendimiento en su producto Simple Earn, combinando APR variable con bonos promocionales. La propia plataforma aclara que los fondos pueden ser prestados a otros usuarios y que grandes retiros pueden demorarse, marcando una diferencia clara frente al esquema bancario supervisado. Aun así, ambos modelos compiten por el mismo capital: los dólares del usuario minorista.
Más que depósitos: la relación con el cliente
Para los bancos, la amenaza no es solo la salida de fondos. Las cuentas corrientes son el ancla de pagos, nóminas, transferencias, tarjetas y comisiones, además de ser la puerta de entrada a créditos y gestión patrimonial. Si los saldos transaccionales migran a billeteras custodiales de stablecoins, el golpe es doble: menos fondeo y menos interacción con el cliente.
A diferencia del sistema tradicional, estas transferencias pueden realizarse 24/7, sin ventanas de compensación ni fricciones operativas, acelerando potenciales episodios de fuga de depósitos.
El debate regulatorio: interés vs. lealtad
El núcleo del enfrentamiento en la CLARITY Act no está solo en definir qué es un valor o un criptoactivo, sino en dibujar la frontera entre “interés” y “recompensa”. Propuestas anteriores, como la GENIUS Act, intentaron prohibir el pago de intereses para preservar la noción de dinero digital, pero dejaron abierta la puerta a incentivos que, en la práctica, funcionan como rendimiento.
El resultado es una disputa trasladada desde los emisores hacia los distribuidores: plataformas capaces de ofrecer retornos cercanos al Tesoro sin que el token sea formalmente “interest-bearing”. Para la banca, eso equivale a interés por depósito con otro nombre.
Con tasas de ahorro en 0,39%, cuentas corrientes en 0,07% y stablecoins ofreciendo retornos cercanos al 3,5%, el contraste ya no es teórico. Es un dato visible que explica por qué los bancos buscan frenar esta competencia antes de que redefina de forma permanente dónde y cómo los usuarios deciden guardar sus dólares.


