El fondo ARK Invest, dirigido por Cathie Wood, adquirió cerca de 77 millones de dólares en acciones vinculadas a criptomonedas durante junio, justo cuando Bitcoin atravesaba su peor mes en cuatro años. Las compras incluyeron 44 millones en Coinbase (COIN), 25,25 millones en Circle (CRCL) y 8,2 millones en Bullish (BLSH), según las divulgaciones diarias de operaciones de la gestora.
El movimiento refuerza una tesis que Wood y otros fondos mantienen desde hace tiempo: ganar exposición al sector cripto a través de acciones cotizadas en lugar de comprar los activos digitales directamente. La estrategia, sin embargo, abre un debate que no tiene respuesta única. ¿Estas posiciones implican menos riesgo o, por el contrario, uno mayor?
Exposición indirecta: la apuesta por acciones en vez de tokens
Para muchos gestores institucionales, comprar acciones de empresas del rubro resulta más cómodo que custodiar Bitcoin o Ether directamente. Las acciones cotizan en mercados regulados, se integran con facilidad en carteras tradicionales y evitan los dolores de cabeza de la autocustodia y las claves privadas.
Coinbase, la mayor casa de intercambio de Estados Unidos que cotiza en bolsa, funciona como una especie de apuesta apalancada al volumen de operaciones del mercado. Circle, emisora de la stablecoin USDC, ofrece exposición al negocio de las monedas estables y a los ingresos que genera por las reservas que respaldan su token. Bullish, por su parte, es otra plataforma de intercambio con ambiciones en el segmento institucional.
El otro lado de la moneda
La contracara es que estas acciones no eliminan el riesgo cripto: lo amplifican. Cuando Bitcoin cae, los ingresos por comisiones de las casas de cambio se contraen, los volúmenes se secan y las cotizaciones de estas empresas tienden a moverse con mayor volatilidad que el propio activo subyacente.
A ese riesgo de mercado se suman capas adicionales que un inversor no encuentra al tener Bitcoin en frío: exposición a decisiones de gestión, presión regulatoria específica sobre cada compañía, competencia y la salud financiera del propio negocio. Una acción puede desplomarse por motivos que nada tienen que ver con el precio de las criptomonedas.
Que ARK haya reforzado estas posiciones precisamente durante una caída pronunciada de Bitcoin encaja con su estilo habitual: comprar en la debilidad, apostando a una recuperación de mediano plazo. Es una jugada de convicción, no de cobertura.
Una tendencia que va más allá de Wood
La firma de Cathie Wood no está sola en este enfoque. La entrada de vehículos cotizados y la creciente aceptación institucional del sector han multiplicado las formas de tomar exposición sin tocar un token. Los ETF de Bitcoin al contado, aprobados en Estados Unidos en 2024, abrieron una puerta; las acciones de empresas de infraestructura cripto ofrecen otra ruta con un perfil de riesgo distinto.
La pregunta de fondo sigue abierta para quienes evalúan cómo entrar al mercado. Comprar acciones de empresas cripto puede simplificar el acceso y encajar en carteras convencionales, pero añade variables que la tenencia directa no tiene. El propio movimiento de ARK muestra que ni siquiera los gestores más agresivos ven una respuesta sencilla: siguen apostando fuerte, incluso cuando el mercado sangra.

