Dos de las figuras más influyentes del ecosistema Bitcoin, Michael Saylor y Adam Back, salieron a rechazar públicamente la propuesta técnica BIP-110, que busca restringir la inscripción de datos arbitrarios en la cadena, la práctica que dio origen a los Ordinals y los tokens BRC-20. El cruce reavivó una vieja disputa sobre qué debería o no permitirse almacenar en la red más antigua del sector.
La polémica llega en un momento particular: la actividad de transacciones vinculada a Ordinals viene en franco descenso desde hace casi dos años, según datos on-chain, lo que le resta urgencia práctica al debate y lo empuja más hacia el terreno de los principios.
Qué propone BIP-110 y por qué genera rechazo
Un BIP (Bitcoin Improvement Proposal) es el mecanismo formal mediante el cual los desarrolladores plantean cambios al protocolo. BIP-110 apunta a limitar la capacidad de insertar datos no financieros en la blockchain de Bitcoin, un intento por frenar el uso de la red como soporte para imágenes, texto y otros archivos a través de inscripciones.
Detrás de la iniciativa aparece el desarrollador Luke Dashjr, uno de los críticos más constantes de los Ordinals, a los que ha llegado a calificar como un vector de spam sobre la cadena. Para este sector, permitir datos arbitrarios distorsiona el propósito monetario de Bitcoin y encarece las comisiones para quienes solo quieren enviar valor.
Del otro lado, Saylor y Back defienden una postura más permisiva. Back, cofundador de Blockstream y una de las voces técnicas de mayor peso en el entorno de Bitcoin, cuestionó la propuesta en su cuenta de X. Saylor, presidente ejecutivo de Strategy y uno de los mayores tenedores corporativos de la criptomoneda, también expresó su desacuerdo con intentos de imponer restricciones a nivel de protocolo.
El trasfondo: filosofía sobre la censura
El argumento central de quienes rechazan BIP-110 es de fondo: si Bitcoin busca ser una red resistente a la censura, filtrar qué tipo de datos pueden incluirse en un bloque abre una puerta incómoda. Para ellos, mientras una transacción pague la comisión correspondiente y respete las reglas de consenso, los mineros y nodos no deberían actuar como árbitros del contenido.
Los partidarios de la propuesta responden que Bitcoin nunca fue concebido como un sistema de almacenamiento de archivos, y que el crecimiento de las inscripciones infló el tamaño de la cadena y presionó las tarifas durante los picos de 2023 y 2024. La discusión, en el fondo, enfrenta dos visiones sobre para qué existe la red.
Un debate más ideológico que urgente
El dato que atraviesa toda la disputa es que los Ordinals ya no dominan la conversación como hace dos años. La euforia por las inscripciones y los tokens BRC-20 se enfrió notablemente, y con ella el volumen de transacciones asociado, según registros públicos de análisis on-chain. Eso convierte a BIP-110 en un choque de principios más que en una respuesta a una congestión inmediata.
Cualquier cambio al protocolo de Bitcoin requiere un consenso amplio entre desarrolladores, mineros, operadores de nodos y la comunidad en general, un proceso históricamente lento y conflictivo. Con figuras de peso enfrentadas en ambos bandos, la propuesta enfrenta un camino cuesta arriba para prosperar.
Más allá del resultado técnico, el episodio vuelve a exponer una tensión que acompaña a Bitcoin desde sus primeros años: cuánto puede evolucionar la red sin traicionar los principios que le dieron origen.

