Últimamente, en todos los eventos la IA está en todos los titulares y escenarios, acabando como un tema más dentro del programa. En Point Zero Forum, celebrado en Zúrich, ocurrió justo lo contrario. La IA estaba presente en casi todas las conversaciones, aunque rara vez era la protagonista. El verdadero debate giraba alrededor de una pregunta mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando quien compra, negocia o paga deja de ser una persona y pasa a ser un agente de inteligencia artificial?
Point Zero Forum volvió a convertir Zúrich en uno de los principales puntos de encuentro para el debate sobre el futuro de las finanzas digitales, reuniendo a gobernadores de bancos centrales, reguladores, responsables políticos y líderes de la industria. Entre los asistentes más destacados figuraron Agustín Carstens, ex director general del Bank for International Settlements (BIS); Karin Keller-Sutter, consejera federal y ministra de Finanzas de Suiza; Maria Luís Albuquerque, comisaria europea de Servicios Financieros y Unión del Ahorro e Inversión; Sarah Breeden, vicegobernadora del Bank of England; Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del European Central Bank; Burkhard Balz, miembro del Comité Ejecutivo del Deutsche Bundesbank; Carolyn Rogers, senior deputy governor del Bank of Canada; Leong Sing Chiong, deputy managing director de la Monetary Authority of Singapore; Paolo Ardoino, CEO de Tether; Dante Disparte, Chief Strategy Officer de Circle; Tom Mutton, Executive Director of Payments Innovation & Fintech del Bank of England; y Tommaso Mancini-Griffoli, responsable del Innovation Hub del Bank for International Settlements, junto a representantes de entidades como Visa, Swift, HSBC, UBS, Amazon Web Services y Google Cloud, entre otros. El denominador común fue una pregunta compartida: cómo preparar la infraestructura financiera para una economía cada vez más programable, interoperable y marcada por la irrupción de los AI agents.
No era una conversación futurista. Tampoco un ejercicio de imaginación. Reguladores, bancos centrales, entidades financieras, redes de pago, proveedores de infraestructura y compañías del ecosistema cripto coincidían en una idea: la tecnología está avanzando más rápido que la arquitectura financiera sobre la que tendrá que operar.
Hasta ahora, la mayoría de las discusiones sobre inteligencia artificial en finanzas se habían centrado en la productividad. Cómo automatizar procesos. Cómo reducir costes. Cómo mejorar la atención al cliente. En Zúrich la conversación fue distinta. El foco estaba puesto en los AI agents, software capaz de actuar con un grado creciente de autonomía, comparar opciones, tomar decisiones dentro de unos límites definidos y ejecutar acciones en nombre de un usuario.
Ese cambio de perspectiva altera por completo las reglas del juego.
El siguiente usuario de los sistemas de pago podría no ser una persona
Toda la infraestructura financiera moderna parte de un supuesto muy sencillo: detrás de cada transacción hay una persona o una empresa. Hay alguien que acepta un tipo de cambio.
Alguien que autoriza un pago, alguien que firma un mandato. Alguien que asume la responsabilidad si algo sale mal. Ahora los AI Agents vienen a romper esta lógica. Durante varios paneles surgieron preguntas que hace apenas un año parecían propias de un laboratorio de investigación: ¿puede un agente aceptar un tipo de cambio por sí solo? ¿Quién responde si interpreta mal una instrucción? ¿Cómo se revoca un permiso concedido a un software? ¿Qué ocurre cuando un agente tiene que decidir entre varias rutas de pago o elegir automáticamente el proveedor más eficiente?
No son cuestiones filosóficas. Son problemas de infraestructura.
Y ahí apareció una palabra que se repitió una y otra vez: trust.
El bottleneck no está en la IA
Si algo quedó claro durante el foro es que el principal bottleneck no es desarrollar modelos de inteligencia artificial más avanzados.
El bottleneck está en todo lo que rodea al pago: Identity. Authentication. Mandates. Liability. Settlement. Compliance.
La inteligencia artificial ya puede encontrar el vuelo más barato, comparar cientos de proveedores o negociar determinadas condiciones. Sin embargo, el momento en que tiene que mover dinero sigue dependiendo de un sistema construido para humanos. Ese desfase explica por qué la conversación derivó constantemente hacia la infraestructura.
Desde representantes de bancos centrales hasta empresas tecnológicas coincidían en que la siguiente generación de sistemas de pago tendrá que diseñarse pensando en un escenario híbrido, donde convivirán personas y agentes autónomos durante muchos años.
Los merchants tienen otro problema
Uno de los debates más interesantes llegó desde el lado del comercio. Mientras gran parte del sector discute cuál será el mejor protocolo para los AI agents, muchos merchants siguen intentando entender con cuál deberían integrarse. Cada pocas semanas aparece un nuevo protocolo. Nuevos estándares. Nuevos modelos de autenticación. Nuevas APIs.
Para una gran empresa quizá sea posible mantener varias integraciones al mismo tiempo. Para un pequeño comercio, no.
El riesgo es evidente. Si cada proveedor construye su propio ecosistema cerrado, la economía de los AI agents podría fragmentarse antes incluso de despegar. Por eso la palabra interoperability apareció constantemente durante las sesiones. No como una característica deseable, sino como requisito imprescindible.
Varios participantes insistieron en que la interoperabilidad debe convertirse en un first-class design principle, una decisión de diseño presente desde el principio y no una funcionalidad añadida cuando el mercado ya esté fragmentado.
Nadie habla de «emails internacionales»
Hubo una comparación que resumía bastante bien el momento que vive la industria. Cuando enviamos un correo electrónico no pensamos si el destinatario está en Madrid, Singapur o São Paulo. Simplemente enviamos un email. Con el dinero ocurre exactamente lo contrario.
Seguimos hablando de pagos internacionales porque la infraestructura continúa organizada alrededor de fronteras, intermediarios y sistemas que no siempre hablan el mismo idioma.
Los AI agents ponen todavía más presión sobre ese modelo. Si un agente tiene que comprar servicios en distintos países, cambiar divisas, comparar costes y ejecutar operaciones en tiempo real, la complejidad actual deja de ser un inconveniente para convertirse en un límite estructural.
La conversación sobre cross-border payments ya no consiste únicamente en reducir tiempos o abaratar costes. Empieza a girar alrededor de cómo construir una infraestructura capaz de soportar millones de decisiones automatizadas cada día.
Stablecoins: menos narrativa, más infraestructura
También resultó llamativo el cambio de tono alrededor de las stablecoins. Hace unos años ocupaban el centro del debate por su relación con el mercado cripto. En Point Zero Forum aparecieron, sobre todo, como infraestructura. Como rails. Como una capa de settlement capaz de integrarse con sistemas financieros existentes y facilitar pagos programables.
La discusión ya no giraba tanto alrededor del activo como de la capacidad de liquidar operaciones de forma eficiente, conectar distintos mercados o facilitar nuevas formas de comercio digital.
No significa que todos los interrogantes estén resueltos. Al contrario. La relación entre stablecoins, bancos comerciales y bancos centrales sigue planteando preguntas sobre liquidez, supervisión y gestión del riesgo.
Pero el tono había cambiado., las stablecoins empezaban a formar parte de una conversación mucho más amplia sobre la evolución de la infraestructura financiera.
La regulación entra en una nueva etapa
Quizá el aspecto más interesante del foro fue comprobar cómo la regulación empieza a desplazarse hacia territorios completamente nuevos.
Hasta ahora las normas estaban pensadas para personas y organizaciones: Ahora aparece un nuevo participante. No tiene personalidad jurídica. No abre una cuenta bancaria.No firma contratos. Pero sí puede tomar decisiones económicas.
Los reguladores tendrán que responder preguntas que hasta hace muy poco no existían. ¿Cómo se acredita el consentimiento? ¿Qué límites puede tener un mandato concedido a un agente? ¿Qué mecanismos de protección necesita un consumidor cuando quien ejecuta una compra es un software? ¿Debe cambiar la infraestructura pública o estas funciones deben desarrollarse en capas privadas construidas sobre ella?
Nadie parecía tener respuestas definitivas.
Y probablemente esa fue una de las conclusiones más interesantes del evento. La industria ya no está discutiendo si los AI agents llegarán al sistema financiero.
Está intentando averiguar cómo construir un sistema que pueda convivir con ellos.
Tienes razón. Ese ritmo de una frase corta seguida de otra larga, con párrafos de una o dos líneas, es otro patrón muy reconocible de la escritura generada por IA. Un cierre de un reportaje debería tener más cadencia, frases que respiren, alguna imagen y una conclusión que no parezca una moraleja.
Probaría algo como esto:
El verdadero cambio
Las conversaciones que se sucedieron durante Point Zero Forum dejaron una impresión curiosa. Aunque el programa estaba repleto de sesiones sobre inteligencia artificial, pagos, tokenización o regulación, todas acababan convergiendo en la misma cuestión: la infraestructura financiera sobre la que se construyó Internet no fue diseñada para un mundo en el que el software pueda comprar, negociar o mover dinero con un grado creciente de autonomía.
Ese es el desafío que empieza a perfilarse. No consiste únicamente en desarrollar modelos más sofisticados ni en acelerar los sistemas de pago, sino en redefinir conceptos que durante décadas parecían inmutables, desde el consentimiento y la responsabilidad hasta la identidad, la confianza y la forma en que se autentica una transacción. Si los AI agents pasan de ser asistentes digitales a convertirse en participantes habituales de la economía, las reglas que sostienen el sistema financiero tendrán que evolucionar al mismo ritmo que la tecnología.
Dentro de unos años quizá recordemos los grandes avances en inteligencia artificial por la capacidad de los modelos para razonar o generar contenido. Sin embargo, es posible que el verdadero punto de inflexión haya sido mucho menos visible. El momento en que la conversación dejó de girar en torno a lo que la IA era capaz de hacer y empezó a centrarse en las condiciones necesarias para permitirle participar en la economía real. En Zúrich, esa transición ya había comenzado.

