Cofundador de NEAR advierte que el hackeo con IA supera a las revisiones de código tradicionales
El cofundador de NEAR, Illia Polosukhin, advirtió que el hackeo con IA encuentra y explota fallos más rápido que las auditorías manuales, y pide una seguridad continua en cripto.
Haznos tu fuente preferida en Google
El hackeo con IA avanza más rápido que los métodos convencionales de auditoría de software, según advirtió Illia Polosukhin, cofundador del protocolo NEAR. Su mensaje apunta a un desajuste creciente: los atacantes ya emplean modelos de inteligencia artificial para encontrar y explotar fallos en el código a una velocidad que las revisiones manuales difícilmente pueden igualar.
La advertencia, recogida por el medio especializado The Block, coloca el foco en un problema que el sector de las criptomonedas conoce bien. Los contratos inteligentes y los protocolos DeFi mueven miles de millones de dólares y son objetivos permanentes. Cuando la detección de vulnerabilidades se automatiza del lado del atacante, la ventana entre que un fallo existe y que se explota se acorta drásticamente.
Por qué el hackeo con IA cambia la ecuación de seguridad
Durante años, la seguridad de un protocolo dependió de auditorías realizadas por firmas especializadas y de revisiones humanas del código antes del despliegue. Ese modelo funciona, pero es lento y costoso, y depende de que un revisor detecte a tiempo un error que a veces está enterrado en miles de líneas.
La lógica que describe Polosukhin invierte esa relación de fuerzas. Un atacante que usa modelos de lenguaje puede analizar un repositorio completo, generar hipótesis de explotación y probarlas de forma masiva en poco tiempo. No necesita entender el proyecto tan bien como sus desarrolladores; le basta con encontrar una grieta. Frente a esa asimetría, una auditoría puntual antes del lanzamiento ofrece garantías limitadas.
El diagnóstico conecta con una realidad que el mercado ya vive. Los incidentes de seguridad no dan tregua, desde exploits de flash loans hasta accesos indebidos a infraestructura sensible. Casos recientes como el ataque a Allbridge que drenó 1,65 millones de dólares muestran lo rápido que un fallo aprovechable se traduce en pérdidas reales.
La otra cara: defensa también asistida por IA
El planteamiento no implica que la inteligencia artificial sea solo una amenaza. Las mismas herramientas que aceleran el trabajo de los atacantes pueden reforzar la defensa: monitoreo continuo del código, detección automática de patrones sospechosos y pruebas de seguridad que se ejecutan de forma permanente y no una sola vez antes del despliegue.
La idea de fondo es que la seguridad deje de ser un hito puntual —la auditoría previa al lanzamiento— y pase a ser un proceso continuo. Si los atacantes operan las 24 horas con ayuda de modelos automatizados, los equipos de desarrollo necesitan un nivel de vigilancia equivalente. Eso pasa por integrar análisis asistido por IA en cada actualización del código y no confiar únicamente en la revisión humana.
Para NEAR, que ha apostado fuerte por combinar blockchain e inteligencia artificial en su hoja de ruta, el mensaje tiene un peso adicional. Polosukhin, además de cofundar el protocolo, participó en la investigación que dio origen a la arquitectura de los modelos de lenguaje actuales, un antecedente que le da autoridad para hablar de las capacidades reales de estas herramientas.
Qué implica para el ecosistema cripto
La consecuencia práctica para desarrolladores y usuarios es que el estándar de seguridad tendrá que subir. Confiar en que un protocolo fue auditado hace meses deja de ser suficiente si el entorno de amenazas evoluciona semana a semana. Los proyectos que gestionan fondos de terceros están especialmente expuestos.
El sector ya arrastra un historial de pérdidas cuantiosas por vulnerabilidades y accesos indebidos. Episodios como el que dejó al código de MetaMask expuesto a un contratista vinculado a Corea del Norte ilustran hasta qué punto la superficie de ataque va más allá del propio contrato inteligente e incluye procesos, personas y proveedores.
La advertencia de Polosukhin no ofrece una solución cerrada, pero sí un cambio de mentalidad: en un entorno donde la ofensiva se automatiza, la defensa que se queda quieta pierde. La pregunta que queda abierta es cuántos equipos están dispuestos a asumir el costo de una seguridad realmente continua antes de que un incidente los obligue.




