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Estudio del BIS revela un fallo en las métricas cripto que infla la actividad de Bitcoin

Un estudio del BIS advierte que las métricas cripto más usadas sobreestiman la actividad económica de Bitcoin, Ethereum y las stablecoins al contar movimientos técnicos como transferencias reales.

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Lupa examinando métricas cripto de Bitcoin y Ethereum en una red blockchain

Un estudio del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) advierte que las métricas cripto más usadas para medir la actividad económica dentro de las redes blockchain pueden distorsionar la realidad. El trabajo detecta una brecha importante en la forma de estimar las transferencias en cadena de Bitcoin, Ethereum y las stablecoins, y sugiere que buena parte de lo que se contabiliza como economía real puede ser ruido técnico.

La conclusión llega en un momento en el que reguladores, empresas y analistas dependen cada vez más de indicadores on-chain para justificar decisiones, valuaciones y políticas. Si esos números están inflados o mal interpretados, las lecturas sobre el uso real de las criptomonedas quedan en entredicho.

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Qué encontró el estudio del BIS sobre las métricas cripto

El documento, titulado sobre la «complejidad oculta» de medir stablecoins, cripto y ecosistemas DeFi, sostiene que las cifras publicadas de volumen y transferencias mezclan varios tipos de movimientos que no responden a actividad económica genuina. Entre ellos figuran las transacciones internas de los exchanges, los cambios de dirección de una misma entidad, los movimientos automatizados de bots y la mecánica propia de cada protocolo.

En el caso de Bitcoin, el fenómeno se hace evidente. Una parte de las transferencias que se reportan como valor movido en la red corresponde en realidad al llamado «cambio» (change): cuando un usuario gasta una fracción de sus fondos, el sobrante regresa a una nueva dirección bajo su control. Contabilizar ese retorno como una transferencia económica sobreestima cuánto dinero se mueve efectivamente.

Según el documento de trabajo del BIS, esa diferencia entre el volumen bruto y el ajustado puede ser considerable, lo que obliga a tomar con cautela los rankings de «actividad» que circulan en paneles y reportes de la industria.

Ethereum y stablecoins: el problema se multiplica

La dificultad no se limita a Bitcoin. En Ethereum y en las redes que ejecutan contratos inteligentes, las métricas cripto se complican todavía más porque una sola operación del usuario puede desencadenar múltiples transferencias internas entre contratos. Un intercambio en un exchange descentralizado, por ejemplo, puede generar varios movimientos de tokens que, sumados, exageran el volumen real.

Las stablecoins añaden otra capa. Al ser el vehículo preferido para mover valor entre plataformas y para el trading, sus cifras de transferencia crecen con actividad que a menudo es puramente operativa: reposicionamiento de fondos, arbitraje o liquidez que va y viene entre mercados. El BIS plantea que separar el uso económico del uso técnico exige metodologías más finas que las que hoy predominan.

Estas advertencias conectan con debates recientes sobre el papel de los emisores de dólares digitales. La discusión regulatoria en Estados Unidos, donde los bancos exigen límites más estrictos a las stablecoins en la Clarity Act, se apoya justamente en supuestos sobre cuánto y cómo se usan estos activos.

Por qué importa para inversores y reguladores

Las métricas on-chain se han vuelto un argumento de venta. Proyectos y cadenas compiten por mostrar más volumen, más direcciones activas y más transacciones para reforzar la narrativa de adopción. El trabajo del BIS sugiere que esa carrera puede estar midiendo, en parte, artefactos técnicos más que uso genuino.

Para los inversores, la implicación es directa: comparar cadenas o tokens solo por volumen bruto puede llevar a conclusiones equivocadas. Dos redes con cifras similares pueden tener niveles de actividad económica real muy distintos según cuánto pesen en cada una las transferencias internas y automatizadas.

El asunto también toca a las herramientas de análisis. Plataformas de datos on-chain, como los tableros de analítica en cadena que rastrean transacciones de stablecoins, han empezado a depurar sus cifras precisamente para descontar movimientos que no representan pagos ni comercio real.

El debate sobre la calidad de las métricas cripto no es nuevo, pero la firma del BIS le da peso institucional. Cuando la infraestructura de datos que sostiene decisiones de política monetaria y supervisión financiera se apoya en indicadores discutibles, el margen de error se traslada a esas decisiones.

Un llamado a estandarizar la medición

El estudio no descalifica la utilidad de los datos on-chain; más bien pide estándares comunes que distingan con claridad qué se está contando. Filtrar el «cambio» en Bitcoin, identificar transferencias internas de exchanges y separar los movimientos entre contratos en Ethereum son pasos que, según el BIS, mejorarían la comparabilidad y la transparencia.

Mientras esa estandarización no llegue, la recomendación implícita es leer con escepticismo las cifras de actividad que circulan sin metodología clara. Para un sector que presume de operar en libros públicos y auditables, el reto es que esos libros digan lo que realmente ocurre y no una versión inflada de sí mismos.

Escrito por Franklin Roldan

Fundador de CriptoTendencias (2017) y CMO de mimLABS. Une marketing, Bitcoin y tecnología para hacer las criptomonedas entendibles para cualquiera, sin tecnicismos ni promesas vacías.

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