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Estafa cripto de 24 millones: condenan a un hombre de Las Vegas por un Ponzi de minería con IA

Un jurado federal declaró culpable a Brent Kovar por una estafa cripto de 24 millones de dólares que prometía a 400 inversores minería con IA y falso seguro de la FDIC.

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Ilustración de una estafa cripto con minería falsa impulsada por inteligencia artificial

Un jurado federal declaró culpable a Brent Kovar, empresario de Las Vegas, por orquestar una estafa cripto de 24 millones de dólares que se presentaba como un negocio de minería de criptomonedas impulsado por inteligencia artificial. Según la acusación, Kovar convenció al menos a 400 inversores de que una supercomputadora minaba activos digitales en su nombre y que su dinero estaba asegurado por la FDIC, dos afirmaciones falsas que sostuvieron el esquema durante años.

El veredicto, informado por la Fiscalía federal del Distrito de Nevada, cierra un caso que combina dos de los ganchos más eficaces del fraude financiero actual: la promesa de rendimientos generados por tecnología puntera y la falsa sensación de respaldo estatal. Kovar habría prometido retornos elevados y estables, el tipo de rentabilidad constante que rara vez existe en la minería real de criptomonedas, sujeta a la volatilidad del mercado y al costo energético.

Cómo funcionaba la estafa cripto de la minería con IA

De acuerdo con los fiscales, el esquema seguía el patrón clásico de un Ponzi: el dinero de los nuevos inversores servía para pagar supuestos rendimientos a los antiguos, creando la ilusión de un negocio rentable. La narrativa tecnológica —una supercomputadora que, según se decía, minaba criptomonedas de forma automatizada gracias a la inteligencia artificial— funcionaba como cortina para ocultar que no existía tal operación productiva.

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El segundo pilar del engaño fue igual de determinante. Kovar aseguró a los inversores que sus fondos estaban protegidos por la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC), el organismo que garantiza los depósitos bancarios en Estados Unidos hasta cierto límite. Esa cobertura no aplica a inversiones en criptomonedas ni a productos de este tipo, pero la mención de un respaldo federal desactivó las sospechas de muchas víctimas.

Con al menos 400 afectados y 24 millones de dólares captados, el caso ilustra por qué los reguladores estadounidenses insisten en que ninguna inversión en activos digitales cuenta con seguro de la FDIC. La combinación de jerga tecnológica y promesas de seguridad institucional sigue siendo una fórmula recurrente en los fraudes del sector.

La IA, nuevo cebo para el fraude en criptomonedas

El componente de inteligencia artificial no es un detalle menor. En los últimos meses, los organismos de vigilancia y las firmas de ciberseguridad han advertido sobre un aumento de esquemas que invocan la IA como argumento de venta, aprovechando el interés público por la tecnología para dar credibilidad a operaciones inexistentes. La minería automatizada por una supuesta supercomputadora encaja en ese molde.

El fenómeno va más allá de los Ponzi tradicionales. Los especialistas describen una nueva generación de estafas cripto con IA en las que los delincuentes ya no necesitan vulnerar una billetera: manipulan a la víctima para que apruebe transacciones o entregue sus fondos de forma voluntaria. La ingeniería social, potenciada por herramientas automatizadas, se ha vuelto tan peligrosa como los ataques técnicos.

En el caso de Kovar, la promesa de que una máquina inteligente trabajaba silenciosamente para generar ganancias servía para justificar por qué los inversores no veían la operación con sus propios ojos. Cuanto más opaco y sofisticado suena el mecanismo, más fácil resulta esquivar preguntas incómodas sobre dónde está realmente el dinero.

Un patrón que la SEC ya conoce

La estructura del engaño remite a fraudes financieros documentados durante décadas. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) mantiene un extenso historial de acciones civiles contra esquemas piramidales que prometían rendimientos garantizados con coberturas ficticias, incluidas inyecciones de casos previos con patrones muy similares al de la minería con IA.

La condena penal abre la puerta a una posible pena de prisión, cuya duración se definirá en la fase de sentencia. Para las víctimas, la recuperación del capital suele ser parcial y lenta, ya que en los esquemas Ponzi el dinero de los últimos inversores rara vez sigue disponible cuando el fraude se destapa.

Qué señales dejó el caso

  • Rendimientos estables y elevados: la minería real depende de la volatilidad del precio y de los costos energéticos, por lo que las ganancias fijas garantizadas son una alerta.
  • Seguro de la FDIC: ninguna inversión en criptomonedas está cubierta por este organismo; su mención es señal de fraude.
  • Tecnología imposible de verificar: una supercomputadora con IA que nadie puede auditar funciona como excusa para ocultar la ausencia de operaciones reales.

El desenlace judicial llega en un momento en que la adopción de criptomonedas convive con una sofisticación creciente de los fraudes. Mientras los inversores institucionales avanzan hacia productos regulados, los estafadores minoristas reciclan viejas tácticas con un barniz de innovación. La lección de fondo apenas cambia: cuando una inversión promete seguridad total y rentabilidad garantizada, casi siempre esconde un problema.

Escrito por Franklin Roldan

Fundador de CriptoTendencias (2017) y CMO de mimLABS. Une marketing, Bitcoin y tecnología para hacer las criptomonedas entendibles para cualquiera, sin tecnicismos ni promesas vacías.

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