Vitalik Buterin da un 60% de probabilidad a un avance criptográfico que amenaza a los intermediarios de Wall Street
Vitalik Buterin asignó un 60% de probabilidad a que la criptografía avance lo suficiente como para reducir el papel de los intermediarios financieros tradicionales, apoyándose en SNARKs, FHE y ofuscación de programas.
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El cofundador de Ethereum, Vitalik Buterin, asignó un 60% de probabilidad a que la criptografía moderna alcance en algún momento un salto capaz de recortar el papel de los grandes intermediarios financieros. La estimación, que compartió en su cuenta de X, apunta a tres tecnologías clave que, de madurar, permitirían verificar y procesar información sensible sin exponerla ni depender de un tercero de confianza.
La cifra no lleva fecha concreta: ese 60% se aplica al desarrollo de las tres primitivas criptográficas en conjunto, sin plazo definido. Solo una de ellas, muy probablemente los SNARKs, aparece ligada al cierre de la década. La distinción es relevante porque marca la diferencia entre una expectativa de largo plazo y un hito casi inminente.
Qué propone Vitalik Buterin sobre la criptografía
Las tres piezas que menciona Vitalik Buterin en su publicación son los SNARKs, el cifrado totalmente homomórfico (FHE) y la ofuscación de programas. Cada una ataca un problema distinto de la privacidad y la verificación de datos:
- SNARKs: pruebas de conocimiento cero que permiten demostrar que un cálculo es correcto sin revelar los datos que lo componen. Es la primitiva más avanzada de las tres y la que Buterin vincula al final de la década.
- FHE (cifrado homomórfico): hace posible operar sobre información cifrada sin descifrarla, de modo que un servidor puede procesar datos que nunca llega a ver en claro.
- Ofuscación de programas: oculta el funcionamiento interno de un software manteniendo intacto su resultado, un terreno todavía experimental que Buterin describió en detalle en sus ensayos técnicos.
El propio Buterin ha desarrollado estas ideas en profundidad en su análisis sobre el futuro de los SNARKs y en un texto más reciente donde describe la ofuscación criptográfica como una frontera abierta. En paralelo, la hoja de ruta de privacidad de Ethereum ya incorpora varias de estas herramientas como objetivos de mediano plazo.
Por qué esto afecta a los intermediarios de Wall Street
El argumento de fondo es sencillo. Buena parte del negocio financiero tradicional se sostiene sobre la necesidad de un tercero que custodie información, verifique identidades, liquide operaciones y garantice que las partes cumplen. Bancos, cámaras de compensación y custodios cobran por esa función de confianza.
Si la criptografía permite demostrar solvencia, verificar una transacción o procesar datos privados sin entregarlos a nadie, buena parte de esa intermediación pierde justificación. Un usuario podría probar que tiene fondos suficientes sin mostrar su saldo, o una plataforma podría ejecutar cálculos sobre datos de clientes sin acceder jamás a ellos. Ese es el escenario que Buterin considera más probable que improbable.
El desafío sigue siendo el rendimiento. El FHE, por ejemplo, es hoy órdenes de magnitud más lento que el cómputo convencional, algo que los benchmarks públicos del sector reflejan con claridad. La apuesta de Buterin es que ese cuello de botella se resuelva con el tiempo, aunque no ponga una fecha firme para las tres tecnologías a la vez.
Un debate más amplio sobre privacidad y adopción
Las declaraciones se enmarcan en una discusión que Buterin viene alimentando desde hace meses en torno a cómo escalar Ethereum sin sacrificar privacidad. Hace poco, el propio cofundador adelantó nuevos formatos de transacción para escalar la red, una señal de que la agenda técnica de la comunidad se está desplazando hacia la eficiencia y la confidencialidad.
Para el ecosistema cripto, un avance en estas primitivas tendría consecuencias que van más allá de Ethereum. Las pruebas de conocimiento cero ya alimentan soluciones de escalado de segunda capa y sistemas de identidad; un FHE viable abriría la puerta a mercados de datos privados y a modelos de inteligencia artificial que operan sobre información cifrada. Todo ello reduciría la dependencia de intermediarios que hoy actúan como puente entre partes que no confían entre sí.
Conviene leer la cifra con cautela. Un 60% no es una predicción de calendario ni una promesa de producto: es la lectura personal de Buterin sobre una probabilidad, en un campo donde los saltos teóricos tardan años en volverse prácticos. Aun así, el mensaje refleja hacia dónde cree que se dirige la infraestructura financiera de la próxima década, y por qué los actores que hoy cobran por su rol de confianza deberían prestar atención.



