Los mercados de predicción acaban de entrar en una nueva fase de su enfrentamiento con la industria tradicional del juego en Estados Unidos. La Asociación Americana del Juego (AGA, por sus siglas en inglés) asegura que estas plataformas ya provocaron más de USD 1.000 millones en pérdidas fiscales para estados y comunidades tribales, una cifra que amenaza con intensificar una disputa regulatoria que lleva meses creciendo.
La organización, que representa a casinos, casas de apuestas deportivas y operadores tribales, convirtió recientemente esa estimación en una campaña pública. Su presidente, Bill Miller, llevó el mensaje a los medios nacionales afirmando que los estados están dejando de recaudar recursos que normalmente se destinan a educación, programas comunitarios y servicios públicos.
Detrás de esa acusación se encuentran plataformas como Kalshi y Polymarket, dos nombres que han ganado enorme visibilidad durante el último año gracias al crecimiento de los contratos basados en eventos del mundo real.
Una nueva forma de apostar
Aunque sus defensores insisten en que se trata de mercados financieros, gran parte de la controversia gira alrededor de una realidad difícil de ignorar.
Muchos usuarios utilizan estas plataformas para especular sobre resultados deportivos.
En lugar de realizar una apuesta tradicional, compran contratos que pagan según ocurra o no un determinado evento.
El mecanismo es simple:
- ¿Ganará un equipo determinado?
- ¿Se aprobará una ley?
- ¿Quién ganará una elección?
Los participantes compran posiciones de «sí» o «no» que funcionan de manera similar a cuotas de apuestas.
Y ahí es donde comienza el conflicto.
El problema que preocupa a los estados
La diferencia clave es regulatoria.
Mientras los operadores tradicionales de apuestas deportivas necesitan licencias estatales y pagan impuestos específicos, los mercados de predicción operan bajo supervisión federal de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC).
Esa estructura les permite ofrecer productos en los 50 estados del país, incluyendo jurisdicciones donde las apuestas deportivas siguen restringidas o directamente prohibidas.
Para los reguladores estatales, la situación genera una evidente desigualdad competitiva.
Los casinos y sportsbooks argumentan que cumplen normas estrictas y aportan miles de millones de dólares en impuestos, mientras que los mercados de predicción acceden al mismo público bajo reglas completamente distintas.
El argumento de los USD 1.000 millones
La cifra presentada por la AGA busca simplificar un debate jurídico extremadamente complejo.
En lugar de discutir competencias regulatorias o definiciones legales, la industria del juego plantea una pregunta mucho más sencilla para el público:
¿cuánto dinero están perdiendo los estados?
Según la asociación, más de USD 1.000 millones.
La estrategia no es casual.
Los ingresos fiscales derivados de las apuestas deportivas se han convertido en una fuente relevante de financiación para numerosos gobiernos estatales.
Nueva York ofrece un ejemplo contundente.
El estado aplica un impuesto del 51% a las apuestas deportivas online y recaudó aproximadamente USD 1.300 millones durante 2025 gracias a esa actividad.
Desde esa perspectiva, cualquier migración de usuarios hacia plataformas que no tributan bajo el mismo esquema representa una amenaza directa para las finanzas públicas.
Kalshi y Polymarket rechazan las acusaciones
Las plataformas no tardaron en responder.
Kalshi calificó la estimación de la AGA como «matemáticas falsas de los casinos», argumentando que la industria tradicional teme perder el monopolio que ha disfrutado durante años.
Por su parte, la Coalition for Prediction Markets cuestionó directamente la metodología utilizada para calcular las supuestas pérdidas fiscales y afirmó que varias de las fuentes citadas por la asociación ni siquiera pueden verificarse.
La discusión refleja un choque de intereses cada vez más evidente.
Por un lado están las empresas que dominan el negocio de las apuestas deportivas.
Por otro, una nueva generación de plataformas que sostiene que ofrece instrumentos financieros legítimos y no simples apuestas.
La batalla política ya comenzó
El problema para los mercados de predicción es que la presión política continúa creciendo.
Durante los últimos meses, numerosos estados han intentado frenar su expansión.
Además, 41 fiscales generales de distintos estados solicitaron a la CFTC que limite el alcance de estos productos.
La preocupación no se limita a la recaudación fiscal.
Los reguladores también mencionan cuestiones relacionadas con:
- protección al consumidor;
- integridad deportiva;
- prevención de adicciones;
- supervisión del mercado.
En otras palabras, la discusión ya superó el ámbito puramente financiero.
El Congreso también entra en escena
La disputa llegó incluso al Senado.
En marzo, los senadores John Curtis y Adam Schiff presentaron la denominada «Prediction Markets Are Gambling Act».
La iniciativa busca impedir que plataformas registradas ante la CFTC puedan listar contratos que se parezcan a apuestas deportivas o juegos de casino.
Aunque el proyecto todavía enfrenta un largo recorrido legislativo, demuestra que el tema ya se instaló en Washington.
Y eso representa un riesgo creciente para la industria.
Un momento incómodo para los casinos
Paradójicamente, la ofensiva contra los mercados de predicción ocurre cuando la industria tradicional atraviesa uno de los mejores momentos de su historia.
Durante 2025, los casinos y operadores de apuestas generaron ingresos récord por USD 78.720 millones.
Además, aportaron aproximadamente USD 18.090 millones en impuestos, también una cifra histórica.
Esa realidad complica parcialmente su narrativa.
Después de todo, uno de los sectores más rentables de Estados Unidos es precisamente el que denuncia estar siendo perjudicado por una competencia emergente.
Mucho más que una pelea por impuestos
La discusión sobre los mercados de predicción va mucho más allá de una simple disputa fiscal.
Lo que realmente está en juego es quién controlará una nueva categoría de productos que mezcla elementos de:
- mercados financieros;
- apuestas deportivas;
- análisis de eventos;
- especulación digital.
Si las plataformas logran consolidarse bajo supervisión federal, podrían transformar el negocio de las apuestas en Estados Unidos.
Si los estados consiguen imponer su criterio, los mercados de predicción podrían terminar sometidos a las mismas reglas que hoy enfrentan los operadores tradicionales.
Por ahora, ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder.
Y mientras la batalla continúa, los USD 1.000 millones se han convertido en el símbolo perfecto de una disputa que probablemente definirá el futuro de uno de los segmentos más polémicos y de más rápido crecimiento dentro de la economía digital estadounidense.


