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Hashrate de Bitcoin: 316 días sin máximo y la IA amenaza con prolongar la caída

El hashrate de Bitcoin encadena 316 días sin récord y la competencia de la IA por la energía amenaza con prolongar la caída, mientras las mineras dividen su potencia entre el bloque y el cómputo.

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Hashrate de Bitcoin frente a la demanda de energía de la inteligencia artificial

El hashrate de Bitcoin lleva 316 días sin marcar un nuevo récord, la sequía más larga de los últimos años, y el motivo ya no es solo la presión sobre los márgenes de los mineros: la demanda de cómputo para inteligencia artificial y computación de alto rendimiento (HPC) está compitiendo por la misma energía que sostiene la red, según el análisis de CryptoSlate sobre las series públicas de poder de cómputo.

El hashrate mide la potencia total de cómputo que los mineros dedican a validar transacciones y competir por el bloque siguiente. Un valor en máximos suele leerse como señal de confianza y expansión; un estancamiento tan prolongado, en cambio, sugiere que la capacidad nueva no está entrando al ritmo esperado pese a que la dificultad de la red sigue ajustándose.

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Por qué la IA complica la recuperación del hashrate de Bitcoin

La novedad de este ciclo es que muchas de las instalaciones eléctricas que antes se reconvertían a minería de Bitcoin hoy encuentran un uso más rentable: alojar cargas de IA y centros de datos de HPC. Operar esos servidores da a los propietarios de sitios energéticos un motivo adicional para mantenerse alejados de la minería, incluso cuando la dificultad se relaja y abre una ventana de capacidad a corto plazo.

Esa migración no es teórica. Varias de las grandes cotizadas del sector han empezado a repartir su potencia entre el bloque y el chip. En sus reportes recientes a la SEC, algunas firmas han recortado o redirigido capacidad, mientras otras siguen creciendo en hashrate pero anunciando a la par contratos de cómputo para IA. El resultado es un mercado donde el kilovatio disponible se disputa entre dos negocios que hasta hace poco no competían.

El fenómeno de fondo ya se venía observando: los operadores de infraestructura de IA están adoptando prácticas del propio sector minero para gestionar la carga eléctrica. Como analizamos cuando los centros de datos de IA empezaron a copiar a los mineros de Bitcoin para no colapsar la red, la línea entre ambas industrias se vuelve cada vez más difusa, y eso reordena quién controla la energía barata.

Los números detrás de la sequía

Los datos operativos de las mineras cotizadas muestran un cuadro mixto más que un frenazo generalizado. Entre las cifras reportadas por las propias compañías en sus presentaciones recientes:

  • MARA alcanzó una potencia energizada de 70,3 EH/s.
  • Bitdeer reportó un hashrate de autominería de 76,7 EH/s en su actualización de julio.
  • Riot informó un aumento de su capacidad minera desplegada.
  • Otras firmas, en cambio, optaron por recortar o reasignar potencia hacia cargas de HPC e IA.

La lectura conjunta es que la capacidad individual crece en varios jugadores, pero el agregado de la red no logra romper su techo. Cuando la dificultad baja, aparece espacio para que máquinas más antiguas vuelvan a ser rentables; sin embargo, ese impulso de corto plazo no basta para compensar a los sitios que han decidido que la IA paga mejor.

Estimaciones del mercado, como las que maneja Vaneck en su seguimiento mensual de la cadena, apuntan a que la ecuación económica de la minería seguirá tensionada mientras el precio de la electricidad y la competencia por potencia no se estabilicen. El índice de referencia del sector también ha documentado la compresión de márgenes que empuja estas decisiones.

Qué implica para la red y para los inversores

Un hashrate estancado no compromete la seguridad de Bitcoin en el corto plazo: la red sigue funcionando y ajustando su dificultad cada dos semanas para mantener el ritmo de bloques. Lo que cambia es la dinámica de fondo del negocio minero, cada vez más condicionada por decisiones que se toman pensando en la IA y no en el precio de la criptomoneda.

Para los inversores en compañías mineras, la diversificación hacia HPC puede ser una tabla de salvación de márgenes, pero también diluye la exposición pura al ciclo de Bitcoin que muchos buscaban originalmente. Un minero que dedica la mitad de su energía a alojar servidores de IA se parece cada vez más a un operador de centros de datos que a una apuesta apalancada sobre el bitcoin.

El contexto no ayuda a los ánimos: septiembre históricamente ha sido un mes complicado para el activo, como recordamos al repasar por qué Bitcoin borró terreno en 8 de los últimos 13 años durante ese mes. Con la energía disputada en dos frentes, la próxima ola de crecimiento del hashrate dependerá menos de la recuperación del precio y más de qué negocio gane la puja por el vatio.

Escrito por Alberto Guerrero Montilla

Peligroso idealista venezolano. Embajador y empresario blockchain. Block Producer, filántropo y activista. Que la blockchain construya nuestro futuro.

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