Minería de Bitcoin: 235 EH/s apagados podrían disparar una trampa de márgenes al reactivarse
Luxor calcula que 235 EH/s de la minería de Bitcoin están apagados. Reactivarlos al cerrar la ventana de recortes en Texas podría estrechar los márgenes de los mineros.
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Casi una quinta parte de la potencia de la minería de Bitcoin permanece completamente inactiva, según estimaciones de la firma de análisis Luxor. Se trata de unos 235 EH/s de capacidad que hoy no aportan al hashrate de la red y cuya reactivación, lejos de ser una buena noticia, amenaza con empujar a los mineros hacia una compresión brutal de sus márgenes.
El dato aparece en el informe mensual de Luxor y complica una de las señales que el mercado suele vigilar de cerca: la llamada capitulación minera. Buena parte de esa capacidad apagada no responde a que los equipos dejaran de ser rentables, sino a factores mezclados, entre ellos los programas de recorte energético en Texas durante el verano boreal.
Por qué hay tanta minería de Bitcoin apagada
El hashrate mide la potencia de cómputo total que sostiene y asegura la red de Bitcoin. Cuando una porción tan grande queda fuera de línea, la lectura de las cifras se enturbia: no queda claro cuánto de ese apagón se debe a mineros que ya no cubren costos y cuánto a decisiones voluntarias o contractuales.
En Texas, el operador de la red eléctrica remunera a grandes consumidores —como las granjas de minería— por reducir su consumo en los momentos de mayor demanda estival. Ese esquema convierte el apagado en un negocio: en lugar de minar, la empresa cobra por liberar electricidad hacia el sistema durante los picos de calor. Con el cierre de esa ventana de recortes al terminar el verano, esa capacidad estaría lista para volver a encenderse.
El problema es que el regreso masivo de esos 235 EH/s no es gratuito para nadie. Bitcoin ajusta automáticamente su dificultad de minado cada 2.016 bloques, aproximadamente cada dos semanas, para mantener constante el ritmo de emisión de nuevos bloques. Si de golpe vuelve a operar una porción enorme del parque de máquinas, la dificultad sube y la recompensa se reparte entre más participantes.
La trampa de márgenes que preocupa a los mineros
Ahí aparece lo que el informe describe como una potencial trampa: reactivar los equipos aumenta el hashrate global, encarece la competencia y reduce los ingresos por unidad de cómputo. Los mineros que apostaron por apagarse y cobrar por ello podrían encontrarse, al reconectar, con márgenes más finos que antes de la pausa.
Este tipo de dinámica golpea con especial dureza a las operaciones con costos de energía más altos o con hardware menos eficiente. Cuando la recompensa por bloque —hoy reducida tras el último halving— se combina con una dificultad al alza y precios de la electricidad que ya no compensan el recorte, el negocio se estrecha. Para operadores en apuros, la diferencia entre seguir apagados o volver a producir puede definir su supervivencia.
La incertidumbre sobre las cifras también afecta a quienes intentan leer el mercado. La potencia de cómputo exacta de la red nunca se conoce con precisión: se estima a partir del ritmo al que se encuentran los bloques. Con casi un 20% de la capacidad en las sombras, cualquier interpretación sobre si los mineros están capitulando o simplemente esperando el momento adecuado se vuelve resbaladiza.
Un sector bajo presión y atento al precio
El contexto no ayuda. La minería atraviesa un año de rentabilidad ajustada, con la recompensa por bloque a la mitad desde el último halving y una competencia creciente por cada satoshi emitido. Las mineras cotizadas han diversificado ingresos hacia la computación de inteligencia artificial y los centros de datos, precisamente para no depender solo de un negocio tan sensible al precio del activo.
El desenlace dependerá en buena medida de cómo se mueva la cotización. Un repunte sostenido de Bitcoin ampliaría los márgenes y haría más llevadero el regreso de la capacidad apagada; una recaída, en cambio, agravaría la presión. Los operadores del mercado siguen de cerca los factores macro que podrían mover el precio, desde la inflación estadounidense hasta el apetito de riesgo global. En un escenario adverso, algunos análisis apuntan a que el precio de Bitcoin quedaría en riesgo si presiones inflacionarias vuelven a tensar las expectativas de tasas.
Mientras tanto, la industria observa señales encontradas. Empresas con tesorerías en Bitcoin siguen acumulando —firmas como Strive han sumado cientos de BTC en las últimas semanas— en una muestra de que el interés corporativo por el activo no se enfría, aun cuando el negocio de producirlo se complica.
Con 235 EH/s a la espera de volver, la próxima fase de la minería de Bitcoin será una prueba de disciplina: encender demasiado pronto podría convertir una capacidad ociosa en una fuente de pérdidas, mientras que esperar de más implica renunciar a ingresos que la red seguirá pagando a quienes sí operen.



