BitGo y la tokenización: su CEO liga la devaluación del dólar a la economía en K
El CEO de BitGo, Mike Belshe, vincula la devaluación del dólar con la economía en K y defiende la tokenización como vía para ampliar el acceso y modernizar un sistema de liquidación heredado de los años 60.
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La tokenización de activos vuelve al centro del debate financiero de la mano de Mike Belshe, director ejecutivo de BitGo, quien vincula la devaluación del dólar con el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres. Según el empresario, llevar acciones, bonos y fondos a la cadena de bloques no es un ejercicio especulativo, sino una vía para ampliar el acceso a un sistema financiero que arrastra fallas estructurales desde hace más de medio siglo.
Belshe sostiene que el problema de fondo es la pérdida sostenida de poder adquisitivo del dólar, un fenómeno que golpea con más fuerza a quienes viven de su salario y no poseen activos que se revaloricen con la inflación. Ese desequilibrio alimenta lo que los economistas llaman una recuperación «en forma de K»: mientras la parte alta de la sociedad prospera gracias a acciones e inmuebles, la parte baja se estanca o retrocede.
Por qué la tokenización busca ampliar el acceso, según BitGo
El argumento central del ejecutivo de BitGo es que la infraestructura sobre la que se mueven los mercados tradicionales quedó anclada en el pasado. Belshe recuerda que el sistema de liquidación actual nació como respuesta a la llamada «crisis del papeleo» que colapsó a Wall Street en la década de 1960, cuando el volumen de operaciones desbordó la capacidad de procesar certificados físicos de acciones.
Aquella solución de emergencia, explica, sigue vigente en lo esencial: la compensación y liquidación de valores continúa apoyándose en intermediarios y en plazos que hoy resultan anacrónicos frente a la velocidad de internet. La tokenización, en su lectura, permitiría reconstruir esas cañerías sobre redes abiertas, reduciendo fricciones y abriendo la puerta a inversores que quedan fuera por barreras de costo, geografía o requisitos.
La propuesta conecta con una tendencia que las grandes gestoras vienen empujando. Firmas como BlackRock han impulsado fondos tokenizados y defienden que la demanda de infraestructura digital está siendo subestimada, un punto que la propia gestora ha ligado incluso al avance de la inteligencia artificial. En ese terreno, BitGo —conocida por sus servicios de custodia institucional de criptoactivos— se posiciona como proveedor de la plomería técnica que ese futuro requiere.
La economía en K y el papel del dólar
El diagnóstico de Belshe entronca con un debate más amplio sobre la política monetaria. Para quienes comparten su visión, la expansión constante de la oferta de dinero erosiona el ahorro de las familias que no tienen acceso a activos financieros, mientras beneficia a los tenedores de capital. De ahí la referencia a la economía en K: dos trayectorias que se separan a partir de un mismo punto de partida.
Bajo esa óptica, activos escasos como Bitcoin y la posibilidad de tokenizar instrumentos tradicionales funcionarían como herramientas para democratizar el acceso a coberturas frente a la pérdida de valor de las monedas fiat. No es una tesis nueva en el sector, pero gana peso a medida que crece la adopción institucional y las stablecoins se consolidan como puente entre el dinero tradicional y las redes blockchain.
El fenómeno de las stablecoins respaldadas por dólares ilustra bien esa transición: son, en la práctica, una primera forma masiva de tokenización del dinero fiat que ya mueve miles de millones en pagos y liquidaciones diarias. La lógica que defiende Belshe extiende ese mismo principio a acciones, bonos y fondos.
Custodia institucional como pieza clave
BitGo llega a esta conversación desde una posición particular. La compañía ofrece servicios de custodia y seguridad para instituciones que manejan activos digitales, un segmento que se ha vuelto crítico a medida que bancos, gestoras y empresas cotizadas incorporan criptoactivos a sus balances. La custodia confiable es, precisamente, uno de los requisitos que los reguladores exigen antes de dar luz verde a productos tokenizados a gran escala.
El interés por estos servicios crece en paralelo al empuje regulatorio en Estados Unidos, donde iniciativas legislativas buscan dar claridad al tratamiento de los activos digitales. Sin reglas definidas sobre qué es un valor y quién puede custodiarlo, la tokenización de mercados tradicionales avanza con cautela.
Qué implica la tokenización para el inversor
Más allá del diagnóstico económico, la apuesta de Belshe se apoya en una promesa concreta: que instrumentos hoy reservados a grandes patrimonios o a mercados específicos puedan fraccionarse y negociarse las 24 horas en redes públicas. Eso reduciría los mínimos de entrada y acortaría los tiempos de liquidación, que en el sistema tradicional aún pueden tardar días.
Los defensores de esta visión señalan varios efectos posibles:
- Menores costos de intermediación al eliminar capas del proceso de liquidación.
- Acceso a activos globales sin las barreras geográficas actuales.
- Liquidación casi inmediata frente a los plazos heredados del sistema de papel.
- Fraccionamiento de activos de alto valor para inversores minoristas.
El propio Belshe reconoce que el camino no es automático. La tokenización enfrenta obstáculos regulatorios, dudas sobre la protección al inversor y la resistencia de una infraestructura financiera con décadas de inercia. Aun así, su mensaje apunta a que el statu quo —basado en soluciones diseñadas para un mundo de certificados en papel— es cada vez más difícil de justificar.
El planteamiento deja una pregunta abierta para el sector: si la brecha económica se ensancha mientras el dinero pierde valor, ¿basta con reconstruir las cañerías del mercado sobre blockchain para acercar esas oportunidades a quienes hoy quedan fuera? La respuesta dependerá tanto de la tecnología como de las reglas que la acompañen.



