La regulación europea de criptoactivos, conocida como MiCA (Markets in Crypto-Assets), buscó ordenar un mercado que durante años operó en gran medida fuera de cualquier control. Sin embargo, un ángulo crítico habría quedado desatendido: el enorme mercado de derivados de criptomonedas, según advierte Patrick Gruhn, fundador y director ejecutivo de Perpetuals.com.
El argumento central es que MiCA nunca fue diseñada para abordar los productos derivados, un segmento que mueve volúmenes que superan con creces al mercado spot (compraventa directa de activos). Esa omisión, sostiene Gruhn, podría convertirse en un problema serio para Europa y sus usuarios.
Qué regula MiCA y qué deja fuera
MiCA establece un marco armonizado para la emisión y prestación de servicios sobre criptoactivos en la Unión Europea, con foco en tokens, stablecoins y plataformas de intercambio. Su objetivo fue elevar los estándares y empujar a que los operadores que atendían a europeos desde jurisdicciones extraterritoriales (offshore) se ajusten a reglas locales o dejen de ofrecer sus servicios.
El problema es que los derivados —contratos cuyo valor deriva de un activo subyacente, como los futuros perpetuos que permiten operar con apalancamiento— no entran dentro del alcance de MiCA. En Europa, ese tipo de instrumentos suele quedar bajo normativas financieras tradicionales pensadas para otros productos, lo que genera un vacío específico para las cripto.
Por qué el segmento más riesgoso queda expuesto
Los derivados con apalancamiento concentran buena parte del riesgo del ecosistema: permiten multiplicar posiciones y, con ello, las ganancias y las pérdidas. Para minoristas sin experiencia, son productos especialmente delicados. Al no quedar plenamente cubiertos por MiCA, el reclamo de Gruhn apunta a que la puerta principal se cerró para las plataformas offshore de spot, pero la ventana más peligrosa siguió entreabierta.
El sector no carece por completo de referencias. La Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés) ya ha recordado a las firmas sus obligaciones en materia de contratos por diferencias (CFD), tal como reflejó en un comunicado de febrero sobre las medidas de intervención en estos productos. Esas normas, sin embargo, fueron concebidas para instrumentos financieros clásicos y no necesariamente resuelven las particularidades de los derivados cripto.
Implicaciones para el mercado europeo
La consecuencia práctica, según esta lectura, es que los usuarios europeos podrían seguir accediendo a derivados de alto riesgo a través de plataformas con distintos grados de supervisión, mientras la normativa insignia del bloque se enfoca en otros segmentos. Para los reguladores, el desafío pasa por definir si conviene extender un marco específico o dejar que las reglas financieras existentes absorban a estos productos.
La discusión llega en un momento en que Europa se posiciona como una de las jurisdicciones más avanzadas del mundo en regulación cripto, con MiCA como carta de presentación. Que el marco haya priorizado la ordenación del mercado spot y de las stablecoins deja pendiente una pregunta de fondo: cómo abordar el segmento que, por volumen y apalancamiento, concentra buena parte del riesgo sistémico del sector.
El debate está lejos de cerrarse. A medida que el mercado de derivados sigue creciendo, la presión para llenar ese vacío regulatorio podría aumentar, y la forma en que Europa responda marcará un precedente para otras regiones que observan de cerca su experiencia.

