El Banco de Inglaterra retiró la parte más criticada de su plan para regular las stablecoins: el tope de £20.000 que limitaba cuánto podía mantener cada persona en stablecoins denominadas en libras esterlinas, así como el techo de £10 millones previsto para las empresas. En su lugar, el regulador estableció un único límite global de £40.000 millones para el mercado de stablecoins sistémicas, según detalló en su declaración de política del 22 de junio.
La decisión representa una concesión a una industria que había manifestado un fuerte rechazo a las restricciones individuales, consideradas demasiado rígidas e incompatibles con un uso real de estos activos en pagos y transacciones cotidianas. Sin embargo, el cambio plantea una nueva duda: al fijar un tope agregado para todo el sector, el banco central podría estar limitando el crecimiento del propio mercado británico de stablecoins.
Qué cambió en el plan regulatorio
Las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, normalmente vinculadas uno a uno con una moneda fiat como la libra esterlina o el dólar. Su uso ha crecido como medio de pago y como puente entre el sistema financiero tradicional y el ecosistema cripto.
El plan original del Banco de Inglaterra buscaba evitar que un traslado masivo de depósitos bancarios hacia stablecoins pudiera desestabilizar el sistema financiero. Por eso había propuesto límites a la tenencia individual. Tras las críticas del sector, el regulador optó por sustituir esos topes por un único límite agregado, una fórmula que ofrece más flexibilidad a los usuarios pero introduce un techo estructural al tamaño total del mercado.
De acuerdo con la declaración de política publicada el 22 de junio, las nuevas reglas se aplican a las llamadas stablecoins sistémicas, es decir, aquellas con suficiente escala como para representar un riesgo para la estabilidad financiera del país.
Un techo que podría frenar el crecimiento
El límite de £40.000 millones, según los documentos del propio banco central, equivaldría a aproximadamente el 0,5% del total de depósitos del sistema bancario británico. Esa proporción evidencia el enfoque conservador del regulador, que prioriza la protección del sistema financiero tradicional sobre la expansión acelerada del mercado de activos digitales.
El riesgo, advierten observadores del sector, es que un techo agregado tan acotado funcione como un freno al desarrollo de la industria local. Si la demanda de stablecoins en libras supera ese umbral, el crecimiento quedaría artificialmente contenido, lo que podría desplazar la actividad hacia jurisdicciones con marcos más permisivos o hacia stablecoins denominadas en dólares.
El contraste con otras regiones es relevante. Estados Unidos avanzó este año hacia un marco federal específico para stablecoins, mientras que la Unión Europea ya aplica el reglamento MiCA, que también impone condiciones a la emisión y tenencia de estos activos. En ese contexto competitivo, el Reino Unido busca un equilibrio entre fomentar la innovación financiera y blindar la estabilidad del sistema bancario.
Qué implica para el ecosistema
La eliminación de los límites individuales facilita que empresas y particulares puedan utilizar stablecoins sin las trabas que la industria consideraba inviables para casos de uso reales. Es, en términos prácticos, una señal de apertura.
No obstante, el techo global mantiene la cautela del regulador y deja abierta la pregunta sobre cómo se gestionará la asignación de ese límite entre los distintos emisores. La forma en que el Banco de Inglaterra distribuya y revise ese umbral en el futuro será determinante para saber si el Reino Unido logra posicionarse como un centro competitivo para las stablecoins o si su propio marco termina conteniendo el potencial del mercado que pretende ordenar.

