El FMI advierte que las stablecoins locales podrían aumentar la demanda de dólares digitales
El FMI advierte que las stablecoins locales de mercados emergentes podrían reforzar la demanda de dólares digitales por su liquidez, efectos de red y aceptación transfronteriza.
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Las stablecoins locales que emitan los mercados emergentes podrían terminar reforzando el papel del dólar en lugar de proteger a las monedas nacionales, según advirtió Dan Katz, primer subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). El funcionario señaló que los usuarios tienden a preferir los tokens respaldados por el dólar por su liquidez, sus efectos de red y su aceptación en pagos transfronterizos.
El planteamiento del FMI apunta a una paradoja para los gobiernos que impulsan monedas digitales propias: aunque un país emita una stablecoin atada a su divisa, la demanda real de los usuarios podría inclinarse hacia los dólares digitales, disponibles en más plataformas y con mayor profundidad de mercado.
Por qué las stablecoins locales podrían impulsar el dólar digital
Katz expuso su argumento en un discurso sobre stablecoins en economías emergentes. La idea central es que las tres cualidades que hacen atractivo a un token —liquidez, efectos de red y aceptación fuera de fronteras— hoy favorecen abrumadoramente a las stablecoins denominadas en dólares.
La liquidez importa porque un usuario quiere poder convertir su token en efectivo o en otros activos sin fricción ni pérdida de valor. Los efectos de red operan como en cualquier medio de pago: cuanta más gente y más comercios aceptan un token, más útil se vuelve, y ahí el dólar digital ya parte con una ventaja enorme frente a cualquier moneda local. Y la aceptación transfronteriza resulta decisiva en países con alta inflación o controles de capital, donde el dólar funciona como refugio de ahorro y unidad de cuenta informal.
El resultado, según esta lectura, es que una stablecoin nacional podría competir en desventaja incluso dentro de su propio mercado. En vez de canalizar el ahorro hacia la moneda del país, la infraestructura de tokens podría facilitar todavía más el acceso a los dólares digitales, un fenómeno que algunos economistas describen como una forma moderna de dolarización.
El contexto: emergentes entre la protección monetaria y la adopción cripto
El debate llega en un momento de expansión acelerada del mercado de stablecoins, dominado por tokens en dólares como USDT y USDC. Para los bancos centrales de economías emergentes, el dilema es real: frenar estos instrumentos puede empujar la actividad hacia canales informales, pero permitirlos sin marco claro abre la puerta a que el dólar gane terreno frente a la moneda soberana.
Ese pulso ya se observa en el terreno de los pagos. Circle, por ejemplo, ha ampliado la disponibilidad de su token con movimientos como llevar USDC nativo a nuevas redes con transferencias entre cadenas, lo que multiplica los puntos de acceso al dólar digital. En paralelo, iniciativas de remesas apuntan directamente a los corredores de dinero de los emergentes: proyectos que buscan facilitar el envío de remesas a México mediante billeteras de dólar digital ilustran cómo la demanda de estabilidad en divisa fuerte encuentra un canal natural en las stablecoins.
No todo el desarrollo gira en torno al dólar. Algunos mercados intentan construir alternativas en su propia moneda, como el impulso de stablecoins denominadas en yenes con proyectos como JPYC, que captó capital para expandir su red de pagos. Sin embargo, la advertencia del FMI sugiere que esos esfuerzos enfrentan la fuerza gravitacional del dólar en un mercado global donde la liquidez y la aceptación ya están concentradas.
Qué está en juego para los reguladores
Para las autoridades monetarias, el mensaje de Katz funciona como una llamada a diseñar reglas con los ojos abiertos. Emitir una stablecoin local sin una estrategia que atienda liquidez y aceptación podría no bastar para contener la preferencia por el dólar digital. El diseño regulatorio, las reservas que respaldan cada token y la interoperabilidad con otras redes serán factores clave para determinar si una moneda digital nacional logra competir o simplemente convive con los dólares tokenizados.
El planteamiento también reabre una discusión más amplia sobre soberanía monetaria en la era de los activos digitales. Si los usuarios de un país adoptan masivamente dólares digitales para ahorrar y pagar, los bancos centrales podrían perder parte de su capacidad de transmitir política monetaria y controlar el tipo de cambio.
La postura del FMI no cierra el debate, pero sí marca una tensión que definirá los próximos años: la misma tecnología que permite a un país emitir su propia moneda digital puede convertirse en la vía más eficiente para que sus ciudadanos accedan al dólar. Cómo resuelvan los emergentes esa contradicción determinará el equilibrio entre innovación en pagos y estabilidad de sus divisas.




