El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) lanzó una de sus críticas más contundentes hasta la fecha sobre las monedas estables. En su informe anual, la entidad sostiene que las stablecoins se asemejan más a fondos cotizados (ETF) que a dinero real, y advierte que su expansión podría introducir nuevos riesgos en los mercados de divisas.
El organismo, conocido como el banco de los bancos centrales, argumenta que estos activos digitales no cumplen con las tres pruebas fundamentales que definen al dinero sólido, lo que pone en duda su capacidad para integrarse de forma estable al sistema financiero global.
Por qué el BIS las compara con un ETF
Una stablecoin es una criptomoneda diseñada para mantener un valor fijo, generalmente vinculado a una moneda fiduciaria como el dólar estadounidense, mediante reservas que la respaldan. Un ETF (fondo cotizado en bolsa), por su parte, es un instrumento financiero que cotiza en mercados y representa una cesta de activos subyacentes.
Según el razonamiento del BIS, las stablecoins funcionan más como un título negociable respaldado por activos que como dinero genuino. La diferencia no es menor: el dinero soberano garantiza que un peso siempre valga lo mismo que otro peso, mientras que un token privado puede negociarse por encima o por debajo de su valor nominal según las condiciones del mercado.
Las tres pruebas que, según el BIS, no superan
El informe evalúa a las stablecoins frente a tres atributos que el organismo considera esenciales para cualquier forma de dinero confiable:
- Singularidad: el dinero debe valer siempre lo mismo independientemente de quién lo emita. Las stablecoins, al cotizar en mercados secundarios, pueden desviarse de su paridad.
- Elasticidad: un sistema monetario sólido necesita capacidad para expandir o contraer la oferta según las necesidades de la economía, algo que estos tokens, atados a reservas, no ofrecen con la misma flexibilidad.
- Integridad: el sistema debe proteger contra actividades ilícitas y garantizar la confianza, un punto donde el BIS mantiene reservas sobre los emisores privados.
El riesgo cambiario que preocupa
Uno de los puntos más destacados del documento es la advertencia sobre el riesgo en el mercado de divisas (FX, por sus siglas en inglés). La gran mayoría de las stablecoins en circulación están denominadas en dólares, lo que el BIS interpreta como una amenaza potencial para las economías emergentes.
Una adopción masiva de tokens vinculados al dólar podría acelerar procesos de dolarización en países con monedas más débiles, debilitando la soberanía monetaria de sus bancos centrales y complicando la implementación de políticas locales. Para regiones de América Latina, donde el uso de stablecoins ha crecido como cobertura frente a la inflación, esta advertencia tiene una relevancia particular.
El contexto regulatorio
La postura del BIS llega en un momento clave para el sector. El mercado de stablecoins ha superado los cientos de miles de millones de dólares en capitalización, y los reguladores de las principales economías avanzan en marcos legales para supervisar a los emisores. El organismo ha sido, históricamente, un firme defensor de las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) como alternativa controlada por el Estado.
El informe también abordó tendencias vinculadas a la inteligencia artificial dentro del sistema financiero, en línea con el creciente interés de los reguladores por las tecnologías emergentes. La advertencia refuerza la tensión de fondo entre la innovación del sector privado y la cautela de las instituciones tradicionales, un debate que definirá buena parte de la arquitectura monetaria de la próxima década.

