BofA, Citi y Goldman Sachs entre 21 bancos que preparan una stablecoin de dólar
Un consorcio de 21 bancos, con BofA, Citi y Goldman Sachs, prepara una stablecoin de dólar que luego se extendería al euro y otras monedas del G7.
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Un grupo de 21 instituciones financieras, entre ellas Bank of America, Citigroup y Goldman Sachs, trabaja en el lanzamiento de una stablecoin de bancos que arrancará atada al dólar estadounidense antes de expandirse a otras monedas del G7. El proyecto marca uno de los movimientos más coordinados de la banca tradicional hacia los activos digitales respaldados por dinero fiduciario.
Según lo anunciado y reportado por Reuters, la iniciativa contempla primero una moneda denominada en dólares y, en una segunda etapa, una versión en euros. La ambición de fondo es cubrir el resto de las divisas del Grupo de los Siete, lo que abriría la puerta a pagos transfronterizos liquidados en cadena entre las principales economías del planeta.
Qué implica una stablecoin de bancos respaldada por gigantes de Wall Street
Una stablecoin es un token diseñado para mantener un valor estable frente a un activo de referencia, casi siempre una moneda como el dólar. A diferencia de Bitcoin o Ether, su precio no fluctúa con el mercado: por cada unidad emitida debería existir un respaldo equivalente en reservas. Hasta ahora, ese negocio ha estado dominado por emisores nativos del sector cripto, con Tether (USDT) y Circle (USDC) concentrando la mayor parte del mercado.
La entrada de un consorcio de 21 bancos cambiaría ese equilibrio. Instituciones con licencias, balances auditados y acceso directo a la infraestructura de pagos aportarían una capa de confianza regulatoria que los emisores actuales han tardado años en construir. Para clientes corporativos y tesorerías, una stablecoin emitida por Bank of America o Citigroup podría resultar más fácil de adoptar que una alternativa surgida del ecosistema cripto.
El interés no es casual. El negocio de las stablecoins se ha vuelto altamente rentable en un entorno de tasas de interés elevadas, ya que los emisores invierten las reservas en instrumentos de corto plazo como bonos del Tesoro y se quedan con el rendimiento. Con miles de millones en circulación, esos ingresos por intereses representan una fuente de beneficios que la banca tradicional no quiere ceder por completo.
El contexto regulatorio que empuja a la banca
El avance llega en un momento en que Estados Unidos ha empezado a dar forma a un marco legal para las monedas estables, lo que reduce la incertidumbre que durante años frenó a las entidades reguladas. Con reglas más claras sobre reservas, auditorías y requisitos de emisión, los bancos encuentran ahora un terreno más firme para lanzar productos propios sin exponerse a sanciones.
El plan de comenzar por el dólar y seguir por el euro responde a esa lógica de mercado: la divisa estadounidense concentra la enorme mayoría de la demanda de stablecoins a nivel global, mientras que una oferta en euros permitiría a las instituciones europeas del grupo ganar terreno dentro de un marco normativo que en la Unión Europea ya cuenta con reglas específicas para este tipo de activos.
Otras figuras del sector cripto han insistido en que las stablecoins serán una de las vías principales de adopción masiva de la tecnología blockchain. Esa visión aparece, por ejemplo, en los planteamientos que Justin Sun expuso sobre Bitcoin y stablecoins, donde el rol de las monedas estables como puente entre las finanzas tradicionales y las descentralizadas ocupa un lugar central.
Competencia directa con Tether y Circle
De concretarse, el consorcio bancario competiría de frente con los emisores dominantes. USDT y USDC suman en conjunto cientos de miles de millones de dólares en circulación y operan como la principal fuente de liquidez de los mercados cripto. Una alternativa emitida por bancos globales podría atraer sobre todo a la clientela institucional que hasta ahora se mantuvo al margen por dudas sobre la solidez de los respaldos.
El movimiento también refleja una tendencia más amplia: la convergencia entre la banca tradicional y las plataformas de activos digitales. En las últimas semanas se han visto pasos en esa dirección, desde brokers que suman servicios cripto hasta exchanges que replican productos financieros de Wall Street, como cuando Binance lanzó opciones sobre acciones y ETF de EE.UU.. El interés fluye en ambos sentidos.
Quedan preguntas por responder. No se ha detallado la estructura de gobernanza del proyecto, la red o redes blockchain sobre las que operarían los tokens, ni el calendario preciso de lanzamiento. Tampoco está claro cómo se repartirían las responsabilidades entre 21 instituciones con intereses y jurisdicciones distintas.
Lo que sí queda claro es la señal que envía el sector: los mayores bancos del mundo ya no observan las stablecoins desde la distancia. Ahora buscan un asiento en la mesa de un mercado que hasta hace poco consideraban ajeno, y su llegada podría redefinir quién controla el dinero digital en los próximos años.



