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Bitcoin y Wall Street: por qué es lo primero que se vende cuando llegan los margin calls, según el colapso de un fondo de IA de 20.000 millones

El derrumbe de un fondo de IA de 20.000 millones muestra por qué Bitcoin suele ser lo primero que Wall Street vende cuando los margin calls obligan a conseguir efectivo rápido.

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Bitcoin y Wall Street: venta forzada de Bitcoin durante un margin call en el mercado

El derrumbe de un fondo de cobertura enfocado en inteligencia artificial, que llegó a manejar 20.000 millones de dólares, dejó una lección incómoda sobre la relación entre Bitcoin y Wall Street: cuando el dinero apalancado se da vuelta, el primer activo que se liquida no siempre es el que perdió valor, sino el más fácil de vender. El fondo subió 439% hasta junio y perdió cerca de dos tercios de su valor en julio, obligado a deshacer buena parte de una cartera de acciones públicas de 16.000 millones.

La firma, ligada al analista Leopold Aschenbrenner y a su tesis de «conciencia situacional» sobre el avance de la IA, quedó atrapada por su propio apalancamiento. Según reportó Reuters, Citadel, la firma de Ken Griffin, compró la mayor parte de las posiciones en acciones tras la caída. El detonante, de acuerdo con la prensa financiera, fueron los prime brokers que exigieron más garantías a medida que el mercado se movía en contra.

Qué revela el episodio sobre Bitcoin y Wall Street

La mecánica del margin call es sencilla y brutal. Cuando un intermediario pide más colateral y el operador no lo tiene en efectivo, se vende lo que se pueda liquidar rápido y sin castigar demasiado el precio. En una crisis de liquidez, eso rara vez son las acciones ilíquidas o las posiciones grandes: suele ser el activo más líquido y de mercado abierto las 24 horas.

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Ahí es donde entra Bitcoin. A diferencia de la bolsa, cotiza sin pausa los siete días de la semana, tiene profundidad de mercado global y se puede convertir en dólares en cualquier momento. Esa virtud —su liquidez permanente— se transforma en debilidad durante un episodio de estrés: es exactamente lo que un fondo apalancado vende primero para tapar un agujero en otra parte de su cartera. No porque haya perdido la fe en el activo, sino porque es el cajero automático que sigue abierto de madrugada.

El dato de fondo importa: los inversores estadounidenses mantienen alrededor de 1,5 billones de dólares en cuentas de margen, según FINRA. Con esos niveles de deuda, un movimiento brusco puede encadenar ventas forzadas que arrastran a activos que no tenían problema alguno de fundamentos.

Correlación forzada y contagio de liquidez

Este comportamiento explica por qué Bitcoin, pese a presentarse como refugio o cobertura, tiende a caer junto con las acciones tecnológicas en los peores días. No es una correlación estructural con la IA ni con el Nasdaq: es correlación de liquidez. Cuando los mismos fondos que están largos en semiconductores y modelos de lenguaje también tienen exposición a criptomonedas, un margin call en un lado obliga a vender en el otro.

El Banco de Pagos Internacionales ha advertido en repetidas ocasiones sobre estos canales de contagio, donde el apalancamiento oculto transmite un shock de un mercado a otro. Analistas de Coinbase han argumentado en la misma línea, mientras que desde Goldman Sachs se describió el episodio de las acciones de IA como un reajuste de posiciones abarrotadas más que un colapso de convicción sobre la tecnología.

Para el mercado cripto, la implicación es concreta. Los grandes flujos institucionales que entraron en los últimos años no siempre son «manos fuertes» convencidas: parte de ese capital es apalancado y sensible a las llamadas de garantía. Ya se ha visto cómo el capital institucional puede no acompañar a BTC incluso cuando la bolsa rebota, lo que subraya que la presencia de Wall Street es un arma de doble filo.

Qué mirar de aquí en adelante

El episodio no cambia la tesis de largo plazo de quienes ven en Bitcoin un activo escaso y descentralizado, tal como lo planteó el whitepaper original. Lo que sí obliga a recalibrar es la expectativa de que se comporte como refugio en el momento exacto de la tormenta. En los días de pánico, su liquidez lo convierte en la ficha que se sacrifica primero.

Para el inversor minorista, la señal práctica es vigilar dos cosas: los niveles de apalancamiento agregado en el sistema y la salud de los fondos que combinan exposición a tecnología y a criptoactivos. Cuando esas carteras se tensan, la venta forzada de Bitcoin puede aparecer sin previo aviso y sin relación con ninguna noticia propia del sector.

El colapso de un fondo de 20.000 millones no es un cuento sobre la IA. Es un recordatorio de que, en la plomería del mercado moderno, el activo más líquido paga la factura de la crisis ajena.

Escrito por Alberto Guerrero Montilla

Peligroso idealista venezolano. Embajador y empresario blockchain. Block Producer, filántropo y activista. Que la blockchain construya nuestro futuro.

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