Los bancos de Estados Unidos, Reino Unido y Europa cuentan por fin con una vía legal para emitir stablecoins, custodiar Bitcoin y liquidar fondos tokenizados. Sin embargo, el marco de capital que rige toda esa actividad sigue tratando una posición en Bitcoin casi como una pérdida garantizada, lo que en la práctica desalienta a las entidades a entrar de lleno en el sector.
El obstáculo está en el estándar de criptoactivos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, en vigor en las jurisdicciones miembro desde el 1 de enero. Ese conjunto de normas, pensado para proteger la solidez del sistema financiero, impone a los activos digitales más volátiles exigencias de capital tan elevadas que su tenencia resulta poco rentable para la banca tradicional.
Un ponderación de riesgo del 1.250%
El punto más controvertido es la ponderación de riesgo que el marco asigna a criptoactivos como Bitcoin, catalogados en el llamado grupo 2 del estándar SCO60. A estos se les aplica una ponderación del 1.250%, una cifra diseñada para forzar a los bancos a respaldar cada dólar de exposición con un dólar de capital propio.
En términos prácticos, esa exigencia equivale a tratar la posición como si pudiera perderse por completo. Para una entidad regulada, inmovilizar capital en esa proporción hace que custodiar o mantener Bitcoin sea económicamente inviable frente a otros activos con cargas mucho menores.
La contradicción es evidente: mientras los reguladores de varias regiones han abierto la puerta a que los bancos participen en el ecosistema cripto, las reglas prudenciales que heredan de Basilea encarecen tanto esa actividad que muchos prefieren mantenerse al margen.
Presión del sector y revisión en marcha
La industria financiera ha venido reclamando una recalibración del marco. En una carta dirigida al Comité en agosto de 2025, asociaciones del sector pidieron ajustar el tratamiento de los criptoactivos para que refleje mejor los riesgos reales y permita a los bancos competir en igualdad de condiciones con actores no bancarios.
El propio Comité de Basilea ha reconocido la necesidad de mirar de nuevo el asunto. El organismo anunció una revisión acelerada de su estándar de criptoactivos, una señal de que las normas vigentes podrían no estar alineadas con el ritmo al que avanza la adopción institucional.
Dos caminos: Europa y Estados Unidos
El panorama regulatorio difiere según la región. La Unión Europea avanza con un enfoque armonizado dentro de su marco prudencial, mientras que Estados Unidos ha tomado una dirección distinta tras la Orden Ejecutiva 14178, que reorientó la política del país hacia los activos digitales.
Esa divergencia plantea un riesgo de fragmentación: si las exigencias de capital varían sustancialmente entre jurisdicciones, los bancos podrían concentrar su actividad cripto en los territorios con reglas más favorables, generando asimetrías competitivas dentro del sistema financiero global.
El desenlace dependerá de si Basilea logra modernizar su estándar al ritmo de la regulación habilitante. Mientras el marco de capital siga tratando a Bitcoin como una pérdida casi segura, la autorización legal para que los bancos entren al sector podría quedar, en buena medida, sobre el papel.

