Lobby cripto gasta 176 millones de dólares en las elecciones de mitad de mandato de EE.UU. para blindarse después de Trump
La industria cripto ha invertido unos 176 millones de dólares en más de 100 contiendas de las legislativas de EE.UU. para formar un bloque bipartidista en el Congreso que proteja sus intereses cuando Trump deje el poder.
Haznos tu fuente preferida en GoogleEl lobby cripto ha destinado cerca de 176 millones de dólares a más de 100 contiendas de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos. Según una revisión de Reuters, el objetivo es formar en el próximo Congreso un bloque bipartidista que proteja los intereses del sector cuando Donald Trump deje la Casa Blanca.
La cifra confirma que la industria ya no mira solo el corto plazo. Con un Ejecutivo favorable, el reto ahora es otro: asegurarse de que las reglas conseguidas en estos años sobrevivan a un cambio de gobierno.
Por qué el lobby cripto apuesta por el Congreso
La lógica es sencilla. Las decisiones de una administración se pueden revertir con la siguiente; las leyes aprobadas por el Congreso son mucho más difíciles de desmontar. Por eso el dinero no se concentra en un solo partido, sino que se reparte entre candidatos demócratas y republicanos que se muestran abiertos a una regulación favorable para los activos digitales.
El giro de los últimos años explica la urgencia. Durante la etapa anterior, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) apostó por la regulación vía sanciones y demandas contra empresas del sector. Con el actual gobierno, el regulador cambió de rumbo, según un análisis del Centro de Tecnología y Derecho Empresarial de Georgetown, que describe cómo la agencia pasó de la persecución a un enfoque más normativo y de diálogo con la industria.
Ese viraje, sin embargo, depende en gran medida de quién ocupe la Casa Blanca y de quién dirija las agencias. Sin un respaldo legislativo sólido, un futuro presidente con otra visión podría volver al esquema anterior. De ahí el interés en contar con aliados en ambas cámaras, sea cual sea el color del próximo gobierno.
Las piezas de la maquinaria política
El gasto se canaliza en buena parte a través de comités de acción política. El más conocido es Fairshake, el super PAC respaldado por grandes compañías del sector, que se ha volcado tanto en apoyar a candidatos afines como en intentar derrotar a aspirantes considerados hostiles a las criptomonedas.
Junto a esa estrategia de grandes cheques existe otra de base. Coinbase impulsó el lanzamiento de Stand With Crypto, una alianza pensada para movilizar a usuarios y votantes y presionar a sus representantes. La organización califica a los legisladores según sus posiciones sobre el sector, una herramienta que busca convertir a los poseedores de criptoactivos en un grupo de presión electoral.
Ambos frentes se complementan. Mientras el dinero de los super PAC paga campañas publicitarias en distritos concretos, la movilización ciudadana intenta demostrar que existe un electorado que vota pensando en este tema.
Una apuesta que ya mostró resultados
No es la primera vez que la industria recurre a esta táctica. En el ciclo electoral de 2024, el sector se consolidó como uno de los mayores donantes corporativos del país, y varios de los candidatos que respaldó llegaron al Congreso. Esa experiencia es la que ahora intenta repetir, con la diferencia de que el horizonte ya no es la elección inmediata sino la etapa posterior a Trump.
Qué está en juego para el sector
Para el lobby cripto, el próximo Congreso será decisivo en asuntos que siguen abiertos: la estructura del mercado de activos digitales, el reparto de competencias entre la SEC y la Comisión de Comercio de Futuros (CFTC) y las normas de divulgación para proyectos que captan fondos. Este último punto ya genera debate, como muestra la discusión en torno a la nueva norma de captación cripto de la SEC y sus efectos sobre la privacidad de los fundadores.
Las críticas tampoco faltan. Organizaciones de transparencia y algunos legisladores han cuestionado que una sola industria tenga semejante capacidad de influir en las urnas, sobre todo en primarias donde unos pocos millones pueden inclinar la balanza. Para sus defensores, en cambio, se trata de contrarrestar años de hostilidad regulatoria y de ofrecer certeza jurídica a un sector que mueve billones de dólares.
Para inversores y usuarios, la lectura es más práctica. Un Congreso con un bloque bipartidista favorable reduciría el riesgo de un retroceso regulatorio brusco tras el cambio de administración, uno de los factores que más pesa en las decisiones de las grandes instituciones al entrar en el mercado.
El resultado de las urnas dirá si los 176 millones compraron algo más que visibilidad. Lo que ya está claro es que el sector ha dejado de tratar la política como un riesgo externo y la gestiona como parte central de su negocio.
