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Minería de bitcoin e IA: Core Scientific ya factura 136,7 millones por alojar centros de datos y los contratos revelan quién gana

La minería de bitcoin cede su energía a la IA: Core Scientific ya ingresa 136,7 millones por trimestre en alojamiento, pero los contratos dejan el mayor margen a los dueños de las GPU.

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La minería de bitcoin se ha convertido en una cantera de energía para la inteligencia artificial. Las empresas de IA buscan la electricidad barata, las subestaciones y las conexiones a la red que los mineros tardaron años en asegurar. Sin embargo, la letra pequeña de los contratos muestra que el reparto del negocio no es tan generoso para los dueños de esas instalaciones como sugiere el entusiasmo bursátil.

El punto de partida es sencillo. Los ASIC, los equipos especializados que resuelven los cálculos de la red de Bitcoin, no sirven para entrenar modelos de IA. Lo que sí vale es todo lo demás: el terreno, la infraestructura eléctrica y, sobre todo, los acuerdos de suministro ya firmados. En un mercado donde conseguir una conexión a la red puede tomar años, un sitio minero con megavatios disponibles pasa a tener valor inmobiliario.

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Qué compran las empresas de IA a la minería de bitcoin

La diferencia de consumo explica parte del interés. Una sola configuración de referencia de Nvidia, el sistema NVL72, agrupa 72 GPU en un rack que, según la documentación técnica de la compañía, puede demandar hasta 142 kilovatios. Esa densidad exige refrigeración líquida y una red eléctrica robusta, algo que muy pocos inmuebles ofrecen de serie.

Convertir una granja minera en un centro de datos para IA, de todos modos, no sale barato. El informe de minería del segundo trimestre de 2026 de CoinShares sitúa la inversión en torno a 8 a 15 millones de dólares por megavatio. Con esas cifras, la mayoría de los mineros no puede financiar sola la transición y termina negociando con inquilinos que aportan el capital y los chips.

Aquí aparece la pregunta de fondo: quién se queda con el margen. En el modelo de alojamiento (conocido en inglés como colocation), el minero pone el edificio, la energía y el mantenimiento, mientras el cliente instala sus propias GPU y vende la capacidad de cómputo. El ingreso del minero se parece más a un alquiler de largo plazo que a un negocio tecnológico de alto crecimiento.

Core Scientific, el caso más visible

Core Scientific ilustra bien ese esquema. La compañía reportó 136,7 millones de dólares en ingresos por alojamiento en el segundo trimestre, una cifra que confirma que el negocio de IA ya pesa en sus cuentas. Los detalles aparecen en su presentación trimestral ante la SEC.

Las condiciones de sus acuerdos ya habían quedado expuestas en los documentos divulgados en abril. Leídos en conjunto, muestran un flujo de caja más predecible que el de la minería, pero con un techo: el valor añadido de la IA, el que se cobra por hora de GPU, queda mayoritariamente del lado del cliente.

Para los accionistas, la ecuación tiene dos caras. Ganan estabilidad frente a la volatilidad del precio de bitcoin y del hashprice, el ingreso esperado por unidad de potencia de minado. A cambio, ceden buena parte del potencial de ganancia a quienes controlan los chips, en un contexto en el que la demanda de chips de inteligencia artificial no siempre se traduce en beneficios para toda la cadena.

SWI Group y la apuesta europea

No todos optan por limitarse a alquilar el espacio. SWI Group eligió una vía más ambiciosa. En junio, la firma anunció que tomaba una posición mayoritaria en GDA, un grupo estadounidense de infraestructura digital con 1,3 gigavatios de capacidad.

Después llegaron otros movimientos. La empresa comunicó una ampliación de capital de 800 millones de euros y lanzó SWI Compute durante el evento GTC de Nvidia en Berlín, con la idea de vender cómputo directamente y no solo energía. Sus resultados del primer semestre describen esa transformación como el eje de su estrategia.

Hay también un capítulo en España: SWI anunció una alianza con Templus para desplegar 13 megavatios de capacidad para IA. Es una escala modesta frente a los proyectos estadounidenses, pero indica que la carrera por la potencia eléctrica también llega a Europa.

La red eléctrica, el cuello de botella

El otro factor es regulatorio. En Texas, uno de los principales polos de la minería, la Comisión de Servicios Públicos aprobó el proceso de revisión «Batch Zero» de ERCOT, el operador de la red, para ordenar las solicitudes de conexión de grandes cargas. Las reglas sobre quién se conecta primero y en qué condiciones pueden pesar tanto como cualquier contrato privado.

Para la minería de bitcoin, la conclusión es incómoda. Sus activos más valiosos ya no son las máquinas, sino los permisos y los cables. La duda es si los mineros sabrán cobrar ese valor o si acabarán como arrendadores de un negocio cuyas mayores ganancias se quedan en otras manos.

Escrito por Alberto Guerrero Montilla

Peligroso idealista venezolano. Embajador y empresario blockchain. Block Producer, filántropo y activista. Que la blockchain construya nuestro futuro.

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