Stablecoins en Latinoamérica: la peruana Linka usa USDT para financiar a importadores y exportadores
La fintech peruana Linka usa USDT como infraestructura de liquidez para pagos internacionales y financiación comercial, en una región donde el crédito para importadores y exportadores sigue siendo caro y lento.
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Las stablecoins en Latinoamérica empiezan a ocupar un espacio que hasta ahora era casi exclusivo de los bancos: la financiación del comercio exterior. La fintech peruana Linka utiliza USDT, la moneda estable de Tether vinculada al dólar, como infraestructura de liquidez para pagos internacionales y créditos comerciales dirigidos a importadores y exportadores. Su apuesta llega en un mercado donde el acceso al financiamiento, los costos bancarios y los plazos de liquidación siguen frenando a muchas empresas de la región.
El movimiento es relevante porque amplía el uso de estas monedas más allá de las remesas y las transferencias entre particulares, que han sido hasta ahora su puerta de entrada más conocida en la región. Aquí el foco está en el flujo de caja de negocios que compran y venden mercancías fuera de sus fronteras.
Cómo usa Linka las stablecoins en Latinoamérica
Según la información disponible sobre su modelo, Linka no presenta a USDT como un producto de inversión para sus clientes, sino como una capa de liquidez. En la práctica, la stablecoin funciona como un riel por el que se mueve el dinero entre países: permite pagar a un proveedor extranjero o adelantar fondos a una empresa sin depender por completo de la cadena tradicional de bancos corresponsales.
Una stablecoin es un token digital diseñado para mantener un valor estable frente a una moneda de referencia, en este caso el dólar estadounidense. USDT es la más utilizada del mercado por volumen y circula en varias redes blockchain, lo que facilita mover saldos en minutos y a cualquier hora, incluso fines de semana.
Para una pyme que importa insumos o exporta productos, esa diferencia de tiempos importa. Un pago internacional por la vía bancaria convencional puede quedar retenido varios días entre intermediarios, cada uno con su comisión. Mientras tanto, la mercancía espera en puerto o el proveedor retrasa el despacho.
El problema de fondo: crédito caro y lento
La financiación del comercio exterior en América Latina arrastra fallas conocidas. Las empresas pequeñas y medianas suelen tener dificultades para acceder a cartas de crédito o líneas de financiamiento en dólares, porque los bancos priorizan a clientes grandes con historial y garantías sólidas. El resultado es una brecha que obliga a muchos negocios a pagar por adelantado con capital propio o a recurrir a financiamiento informal.
Ese es el hueco que buscan cubrir firmas como Linka. Si la liquidez se obtiene y se liquida en stablecoins, el costo operativo de cada operación podría reducirse y el dinero podría llegar al otro extremo de la transacción con mayor rapidez. No es poca cosa en economías donde el dólar escasea o donde los controles cambiarios complican el acceso a divisas.
Perú, de hecho, tiene una economía con fuerte peso exportador, especialmente en minería y agroindustria, y una base amplia de pequeños importadores. Es un terreno lógico para probar este tipo de soluciones.
Riesgos y preguntas abiertas
El modelo no está libre de interrogantes. El primero es la dependencia de un emisor privado: el valor de USDT descansa en las reservas que Tether declara mantener, y el mercado ha cuestionado en distintas ocasiones su transparencia. Una empresa que construye su operativa sobre esa moneda asume ese riesgo de contraparte.
El segundo es regulatorio. Las reglas sobre monedas estables avanzan a ritmos muy distintos según la jurisdicción. Mientras en Europa la autoridad del mercado de valores ya ha dado plazos para cortar servicios con stablecoins no autorizadas bajo MiCA, buena parte de América Latina todavía carece de un marco específico. Esa ambigüedad da margen para innovar, pero también puede generar fricciones con bancos y supervisores a la hora de convertir los tokens a moneda local.
Queda además la cuestión del último tramo. Por rápido que viaje el dinero en la blockchain, el importador o el exportador necesita al final pesos, soles o reales para pagar sueldos e impuestos. La calidad de las rampas de entrada y salida, es decir, los servicios que convierten cripto en dinero bancario, condiciona la experiencia real del usuario.
Más allá de las remesas
Durante años, el argumento a favor de las stablecoins en Latinoamérica se centró en dos usos: protegerse de la inflación y enviar dinero entre familias. En países como Argentina, donde abundan las billeteras cripto custodiadas y no custodiadas, el ahorro en dólares digitales ya forma parte de la vida cotidiana de muchos usuarios.
El paso hacia el comercio exterior apunta a algo distinto: que las empresas, y no solo las personas, integren estas monedas en sus operaciones. Si lo hacen, el volumen en juego sería mucho mayor y la relación con el sistema financiero tradicional cambiaría de tono, porque ya no se trataría de una alternativa marginal sino de competencia directa en un negocio que los bancos consideran propio.
Por ahora, el caso de Linka es una prueba de concepto en un mercado concreto. Su evolución, y la de otras fintech que exploran el mismo camino, servirá para medir si las monedas estables pueden ganarse la confianza de quienes mueven contenedores y no solo de quienes envían remesas.



